La guerra en Gaza y la creciente escalada militar entre Israel e Irán no pueden entenderse únicamente desde la lógica inmediata de la seguridad o la respuesta a ataques. Detrás de los bombardeos, los desplazamientos masivos de palestinos y la expansión del conflicto hacia el mar Rojo, emerge, en realidad, la disputa por el control de las rutas comerciales que conectan Europa y Asia y, en el centro, el proyecto del Canal Ben Gurión.

Desde la década de 1960, Israel ha contemplado la construcción de un canal que conecte el Mar Rojo con el Mediterráneo, como alternativa directa al Canal de Suez. Este concentra cerca del 12% del comercio marítimo mundial y representa una de las arterias económicas más importantes del planeta.

El Canal Ben Gurión, bajo control israelí, permitiría modificar ese equilibrio. No solo reduciría la dependencia de rutas gestionadas por otros países, sino que colocaría a Israel —y por extensión a sus aliados, como Estados Unidos— en una posición privilegiada sobre el flujo global de petróleo, mercancías y alimentos.

El interés no es nuevo. Durante décadas, las restricciones al uso del Canal de Suez y su cierre en momentos de conflicto demostraron la vulnerabilidad estratégica de Israel. Un canal propio eliminaría ese riesgo. Pero construirlo implica algo más que ingeniería.

La línea roja a la derecha marca el plan israel con el Canal Ben Gurión

La línea roja a la derecha marca el plan de Israel con el Canal Ben Gurión

Gaza, territorio clave en la ecuación del canal Ben Gurión

El trazado original del canal Ben Gurión evitaba la Franja de Gaza. Sin embargo, distintas variantes posteriores contemplan rutas más directas que atraviesan o bordean ese territorio. Ahí radica una de las claves del conflicto en el que Israel, con apoyo estadounidense, ha destruido gran parte de la Franja y la controla ahora.

Antes, Gaza, densamente poblada, era en un obstáculo físico y político para cualquier rediseño territorial de gran escala. La presencia de más de dos millones de personas en un espacio reducido dificultaba cualquier intervención de infraestructura de esa magnitud. El genocidio israelí “resolvió” ese problema.

Mientras Gaza concentra la atención mediática, el mar Rojo se ha convertido en un frente estratégico decisivo. Por el estrecho de Bab el-Mandeb transitan decenas de barcos diarios con millones de barriles de petróleo y bienes valorados en cientos de miles de millones. En este escenario, los hutíes han emergido como un actor disruptivo. Sus ataques con drones y misiles contra buques comerciales han afectado directamente el flujo del comercio internacional.

Este grupo, respaldado por Irán, introduce un elemento clave en la conexión entre el conflicto local y la geopolítica regional. La relación entre los hutíes e Irán convierte al país persa en un actor indirecto pero decisivo en esta disputa. Al apoyar a un grupo que interfiere en rutas marítimas críticas, Teherán era visto como un obstáculo para cualquier intento de estabilizar —o rediseñar— los corredores comerciales en la región.

La escalada militar de Israel y Estados Unidos contra Irán no puede desligarse de este contexto. No se trata únicamente de una confrontación ideológica o de seguridad por el supuesto peligro de Teherán de contar con armas nucleares, sino de un enfrentamiento por el control de nodos estratégicos del comercio global. Ni Washington ni Tel Aviv lo reconocen, claro está, pero las evidencias hablan por sí solas. Los mercados siguen reaccionando a este conflicto, con consecuencias incalculables para la economía mundial.

Más allá de Gaza e Irán, una guerra el canal Ben Gurión

La disputa actual se inserta en un escenario global más amplio, donde Estados Unidos y sus aliados buscan contrarrestar proyectos como la Nueva Ruta de la Seda impulsada por China. En ese tablero, controlar o crear nuevas rutas comerciales se convierte en una prioridad estratégica.

El canal Ben Gurión encaja en esa lógica. Ofrece una alternativa al de Suez, reduce dependencias y redefine el mapa del comercio internacional. Pero su viabilidad depende de condiciones políticas y territoriales que hoy están en disputa. Gaza es una de ellas. El mar Rojo, otra. Irán, el tercer vértice.

Los intereses israelíes por construir ese Canal no explican por sí solos las guerras, pero ayudan a entender por qué Gaza, el mar Rojo e Irán están hoy conectados en un mismo conflicto. Una batalla que Trump y Netanyahu aseguran estar ganando; pero el mundo no les cree.