La venta masiva de bonos soberanos continúa sacudiendo los mercados financieros internacionales y encareciendo el dinero en algunas de las principales economías del mundo. Estados Unidos y Europa enfrentan una situación compleja, porque los inversores exigen mayores rendimientos para financiar a los gobiernos, mientras los bancos centrales intentan controlar una inflación que sigue resistiéndose a desaparecer.
La magnitud del movimiento quedó reflejada en un hecho reciente, cuando el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense a diez años alcanzó el 5,36 %, su nivel más elevado desde 2002. El repunte constituye una señal de preocupación sobre el futuro de los tipos de interés y la sostenibilidad del endeudamiento público.
Las causas de la venta masiva de bonos
Para comprender lo que ocurre hay que considerar una característica fundamental de estos instrumentos financieros. Cuando aumenta la venta de bonos, sus precios disminuyen y sus rendimientos suben. Esto significa que los gobiernos deben ofrecer intereses más atractivos para conseguir nuevos compradores de su deuda.
La inflación explica una parte importante de las ventas actuales. El encarecimiento del petróleo, agravado por las tensiones en Oriente Medio, ha aumentado las expectativas de que los bancos centrales mantengan una política monetaria restrictiva durante más tiempo.
Sin embargo, existe otro factor determinante y es el de las finanzas públicas. Estados Unidos acumula una deuda superior a los 40 billones de dólares y destina aproximadamente un billón anual al pago de intereses, según Reuters. Cuanto más aumenten los rendimientos, más costoso resultará refinanciar sus obligaciones.
Francia e Italia también enfrentan presiones, aunque en sus casos pesan especialmente las preocupaciones sobre los déficits y la capacidad de mantener unas cuentas públicas sostenibles.
El fenómeno plantea una cuestión decisiva para la política monetaria. Si los mercados ya están encareciendo los préstamos, los bancos centrales deben evaluar cuidadosamente la necesidad de continuar subiendo los tipos de interés. Capital Economics advierte de que la respuesta resulta más complicada de lo que parece.
Según el economista Simon MacAdam, el incremento de los rendimientos de los bonos a medio plazo responde principalmente a las expectativas de nuevas subidas de tipos oficiales.
Por tanto, si la Reserva Federal o el Banco Central Europeo elevan los intereses menos de lo previsto, parte del endurecimiento financiero podría revertirse.
Esto deja a las autoridades monetarias ante un problema. Subir demasiado los intereses podría debilitar la actividad económica, pero detener los aumentos prematuramente podría provocar una recuperación del crédito cuando la inflación todavía representa una amenaza.
El impacto de la venta masiva de bonos en la economía mundial
Las consecuencias van mucho más allá de las operaciones de los grandes inversores. Los rendimientos de la deuda soberana sirven como referencia para establecer los costes de financiación de empresas y hogares.
Cuando suben, las hipotecas pueden encarecerse, las empresas afrontan mayores gastos para financiar inversiones y los gobiernos disponen de menos margen presupuestario.
También aparecen riesgos para quienes mantienen bonos adquiridos anteriormente. Aunque ofrecen pagos de intereses establecidos, su valor de mercado disminuye cuando los rendimientos exigidos a las nuevas emisiones aumentan.
Paradójicamente, esta caída también está generando oportunidades. Los mayores intereses atraen a compradores interesados en obtener rentabilidades que hace pocos años resultaban difíciles de encontrar.
Una subasta estadounidense de deuda a diez años por 39.000 millones de dólares, celebrada hace poco, encontró una demanda sólida y ayudó a estabilizar temporalmente el mercado.
Varios expertos consideran que el endurecimiento general de las condiciones financieras todavía es moderado. Sin embargo, advierten de que nuevas ventas abruptas de deuda europea podrían generar problemas de estabilidad.
El comportamiento de los bonos durante los próximos meses dependerá especialmente de la inflación, los precios energéticos y las decisiones monetarias. Si los rendimientos continúan elevados, los gobiernos tendrán que dedicar más recursos al servicio de sus deudas y numerosas empresas afrontarán dificultades adicionales para financiarse.
