Estados Unidos se enfrenta a uno de sus mayores desafíos energéticos en décadas. El consumo de electricidad podría aumentar en 1.000 teravatios-hora (TWh) hasta 2030, según las proyecciones de Bernstein, una expansión impulsada principalmente por la inteligencia artificial, los centros de datos y el regreso de determinadas actividades industriales al territorio estadounidense.

El crecimiento previsto transformará el negocio eléctrico. Las empresas generadoras necesitarán ampliar su capacidad, las redes de transmisión requerirán inversiones millonarias y los consumidores podrían enfrentarse a tarifas más elevadas. Mientras tanto, las grandes tecnológicas buscan asegurarse un suministro estable para sostener sus operaciones.

La IA cambia las previsiones de consumo eléctrico

Durante buena parte de las últimas dos décadas, la demanda eléctrica estadounidense permaneció prácticamente estancada. Bernstein calcula que, desde 2000, el consumo aumentó apenas un 0,3% anual. Ahora, la firma proyecta un crecimiento del 4% anual hasta 2030.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) mantiene una previsión más conservadora, cercana al 2% anual. Aunque existe una diferencia considerable entre ambos escenarios, las estimaciones coinciden en que Estados Unidos necesitará aumentar su producción eléctrica.

Los centros de datos explican buena parte de esta transformación. La expansión de modelos de inteligencia artificial exige instalaciones que funcionan permanentemente y requieren enormes cantidades de electricidad para alimentar servidores y sistemas de refrigeración.

Bernstein estima que la capacidad informática instalada en estos centros pasará de 34 gigavatios (GW) en 2025 a 149 GW en 2030. La electrificación del transporte también contribuirá al aumento del consumo. Los vehículos eléctricos añadirían unos 66 TWh y las bombas de calor otros 69 TWh, mientras que la expansión manufacturera demandaría aproximadamente 100 TWh adicionales.

El desafío estadounidense consiste en garantizar suficiente generación eléctrica y transportarla hasta los lugares donde realmente se necesita. El gas natural seguirá desempeñando un papel fundamental. La AIE calcula que esta fuente aportará más de 130 TWh adicionales para abastecer centros de datos hasta 2030. Su capacidad para proporcionar electricidad de manera continua favorece su utilización cuando la demanda supera las posibilidades inmediatas de otras tecnologías.

La energía solar también ganará terreno. Bernstein proyecta que su generación aumentará alrededor del 21% anual, aunque su crecimiento exigirá nuevas inversiones en almacenamiento y conexiones eléctricas.

Paralelamente, la energía nuclear recupera atractivo entre las empresas tecnológicas. Los proyectos de reactivación de centrales como Three Mile Island y Palisades responden al interés por asegurar suministro constante mediante contratos de largo plazo. Este escenario abre oportunidades para compañías generadoras, fabricantes de turbinas, proveedores de infraestructura eléctrica y operadores de redes.

El aumento del costo de la electricidad llegará a los consumidores

La presión sobre las tarifas ya empieza a sentirse. La Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) estima que los precios mayoristas promediarán 52 dólares por megavatio-hora este año, un 11% más que el año anterior. El incremento responde a varios factores, entre ellos las condiciones meteorológicas y los costos del suministro.

El problema resulta especialmente evidente en la red PJM, que abastece a unos 67 millones de personas. La demanda de sus centros de datos podría triplicarse hasta alcanzar 29 GW en 2030. Además, la región enfrenta mayores costos de capacidad y riesgos de insuficiencia de suministro.

Las dificultades para construir nuevas líneas de transmisión complican todavía más el panorama. Reuters informó que 37,7 GW de proyectos de generación enfrentan obstáculos relacionados con las ampliaciones necesarias de la red eléctrica.

La expansión energética plantea un dilema financiero. Las compañías eléctricas necesitan invertir anticipadamente para satisfacer una demanda que todavía depende de proyectos tecnológicos cuya ejecución no está garantizada.

Algunos desarrolladores solicitan capacidad a varios proveedores simultáneamente, lo que puede inflar artificialmente las necesidades previstas y provocar inversiones innecesarias.

Una alternativa consiste en flexibilizar el consumo de los centros de datos durante los períodos de máxima demanda. Un estudio de Duke University calcula que esta estrategia podría ahorrar entre 40.000 y 150.000 millones de dólares en inversiones durante una década.

El futuro energético estadounidense dependerá, por tanto, de la capacidad para coordinar inversiones tecnológicas y eléctricas. El crecimiento de la inteligencia artificial promete oportunidades de negocio, pero también podría trasladar costos significativos a millones de hogares si la expansión de infraestructura supera las necesidades reales.