El mapa aéreo global está cambiando a semanas del verano. Cancelaciones, recortes de rutas y tarifas en alza revelan el impacto inmediato de la guerra en Irán sobre una industria que depende, como pocas, del precio del petróleo. Las aerolíneas, enfrentadas a un aumento acelerado del combustible, están ajustando operaciones en tiempo real y trasladando parte del costo a los pasajeros.
Los datos son contundentes. El combustible de aviación —que puede representar entre el 25% y el 30% de los costos totales de una aerolínea— se ha disparado desde el inicio del conflicto. El precio del jet fuel pasó de alrededor de 2,50 dólares por galón a niveles cercanos a los 4,85 dólares en pocas semanas, mientras otras referencias lo sitúan en 3,87 dólares, un 55% más que antes de los ataques sobre Irán. En cualquier escenario, el impacto es directo y muestra que volar es hoy mucho más caro para las compañías.
Rutas que dejan de ser rentables
El primer efecto visible es la reducción de la oferta. La aerolínea Norse Atlantic Airways canceló todos sus vuelos entre Los Ángeles y Europa para la temporada de verano, eliminando de forma abrupta su operación transatlántica desde uno de los principales hubs de Estados Unidos.
El caso no es aislado. KLM recortó más de 150 vuelos en su red global, mientras el grupo Lufthansa anunció la cancelación de 20.000 vuelos de corta distancia hasta octubre. Aunque esta última cifra representa alrededor del 1% de su capacidad de pasajeros, permitirá ahorrar unas 40.000 toneladas de queroseno, cuyo precio se ha duplicado desde el inicio del conflicto.
El impacto no se limita a Europa y Estados Unidos. En el corredor Canadá–Estados Unidos, la combinación de combustible caro y caída de la demanda está provocando un ajuste aún más severo. Las reservas de vuelos para julio desde Canadá hacia territorio estadounidense disminuyeron un 12% interanual, mientras el número de viajeros cayó un 25% en marzo respecto a 2024.
En este contexto, Air Canada suspendió durante cinco meses sus vuelos desde Montreal y Toronto hacia el aeropuerto JFK de Nueva York, y extendió hasta 2027 la cancelación de la ruta Toronto–Salt Lake City. WestJet, por su parte, anunció nuevos recortes tras haber eliminado más de una docena de rutas el año anterior.
Para las aerolíneas, reducir vuelos no es la primera opción. Implica perder presencia en mercados clave y, en algunos casos, acceso a franjas horarias en aeropuertos congestionados. Sin embargo, cuando los costos operativos superan los ingresos esperados, cancelar rutas se convierte en una decisión inevitable.
El pasajero paga la factura
Ante la imposibilidad de trasladar de inmediato el aumento del combustible a los boletos ya vendidos, las aerolíneas han intensificado la “estrategia” de aumentar los ingresos auxiliares. El equipaje facturado se ha convertido en uno de los principales mecanismos.
Air Canada elevó sus tarifas hasta 45 dólares canadienses por la primera maleta y 60 por la segunda en varias categorías económicas. WestJet, con una política más agresiva, puede cobrar hasta 94 dólares canadienses por la primera maleta si se paga en el aeropuerto, además de aplicar recargos por exceso de peso o tamaño.
Este modelo no es exclusivo de Canadá. En Estados Unidos, aerolíneas como American Airlines, Delta, United o JetBlue han seguido el mismo camino, ajustando tarifas y servicios para compensar el encarecimiento del combustible.
El resultado es un escenario más complejo para los viajeros. Menos vuelos directos, precios más altos y mayor probabilidad de cambios en los itinerarios marcan la tendencia para los próximos meses. Las aerolíneas recomiendan optar por tarifas flexibles, contratar seguros de viaje y planificar conexiones con mayor margen para reducir riesgos.
La crisis del petróleo provocada por la guerra en Irán no ha detenido la aviación, pero sí ha dejado al descubierto su fragilidad estructural. En un sector donde el combustible define la rentabilidad de cada ruta, el aumento de precios actúa como un filtro inmediato, ya que decide qué vuelos se mantienen, cuáles desaparecen y cuánto terminará pagando el pasajero por llegar a su destino.
