Una familia de Guatemala paga, en promedio, más de cuatro veces lo que cuesta la electricidad residencial en Venezuela y casi seis veces la tarifa de Paraguay. Las diferencias reflejan cómo la generación energética, los subsidios gubernamentales y las inversiones en infraestructura condicionan el precio de la electricidad para millones de hogares latinoamericanos.

Según GlobalPetrolPrices, el promedio residencial de Guatemala fue de 0,301 dólares por kilovatio-hora (kWh) durante 2023-2026. Uruguay y El Salvador registraron 0,255 dólares, mientras Honduras alcanzó 0,232 y Chile, 0,231 dólares. Colombia aparece con 0,212 dólares.

El panorama cambia considerablemente al examinar las economías con tarifas menores, donde intervienen tanto los recursos energéticos disponibles como las decisiones fiscales.

Los países donde la electricidad cuesta menos

México presenta un precio promedio de 0,110 dólares por kWh, seguido por Ecuador, con 0,097; Argentina, con 0,092; Venezuela, con 0,069; y Paraguay, con 0,056 dólares.

Cuba figura todavía más abajo, con 0,014 dólares; pero los cortes de electricidad allí superan las 20 horas diarias. Trinidad y Tobago y Surinam también están entre los mercados económicos, con 0,057 y 0,051 dólares, respectivamente.

La Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) estima que la generación representa aproximadamente el 50% del costo eléctrico, mientras transmisión y distribución concentran alrededor del 25%.

La dependencia de combustibles importados aumenta la exposición a las fluctuaciones internacionales. También influyen los gastos de mantenimiento, las pérdidas de las redes y los cargos regulatorios.

Paraguay dispone de una ventaja importante gracias a las centrales hidroeléctricas de Itaipú y Yacyretá. Uruguay, por el contrario, demuestra que una elevada participación renovable puede coexistir con tarifas residenciales altas.

Un contraste adicional procede de Perú. Su regulador, Osinergmin, informó que las tarifas domiciliarias del sistema interconectado aumentaron 2,68% en mayo de este año, debido, entre otros factores, al tipo de cambio y ajustes de transmisión. La experiencia muestra cómo variables financieras pueden encarecer la factura incluso sin cambios equivalentes en el consumo.

Subsidios a los precios de la electricidad

Argentina y México ilustran la importancia de las políticas de subsidios para contener las tarifas. Cuando los gobiernos absorben parte del costo del suministro, los consumidores pagan menos, pero aumenta la necesidad de financiamiento público.

El resultado depende de cómo se financien esos apoyos y de quiénes sean sus beneficiarios. Una reducción acelerada de los subsidios puede provocar aumentos en las facturas y afectar el poder adquisitivo. Mantenerlos indiscriminadamente, por otra parte, puede reducir el margen fiscal disponible para inversiones y servicios públicos.

La inflación energética regional llegó al 7,72% interanual en julio, frente al 4,17% de inflación general, según OLACDE.

El encarecimiento de la energía puede transmitirse a los costos empresariales y complicar las decisiones monetarias. Además, las sequías asociadas con El Niño amenazan la generación hidroeléctrica de algunos países.

La comparación latinoamericana expone así dos desafíos financieros relacionados, uno el de conseguir electricidad a precios accesibles y otro asegurar que las empresas eléctricas dispongan de recursos suficientes para mantener y ampliar el suministro. Un precio bajo pierde parte de su atractivo económico cuando la continuidad del servicio exige soluciones alternativas cada vez más costosas.