La guerra contra Irán ha disparado las ganancias de las grandes petroleras de Estados Unidos, mientras millones de consumidores pagan combustibles más caros. Más de 50 compañías del sector acumularon beneficios superiores a 130.000 millones de dólares entre abril y septiembre de este caso, casi el triple de los registrados durante el mismo período del año anterior.

El incremento de las utilidades refleja una profunda alteración del mercado energético internacional. Los ataques iniciados el 28 de febrero provocaron interrupciones en la producción y refinación de petróleo, redujeron la oferta de combustibles y elevaron los márgenes comerciales de las empresas que mantuvieron operativas sus instalaciones.

Estas son las petroleras de Estados Unidos con mayores ganancias por la guerra

Los resultados financieros de las principales compañías estadounidenses muestran la magnitud del negocio generado durante la crisis energética.

ExxonMobil registró ganancias netas trimestrales de 15.410 millones de dólares, aproximadamente el doble de los 7.500 millones obtenidos un año antes.

Chevron presentó resultados todavía más llamativos. Sus utilidades alcanzaron 9.920 millones de dólares, frente a 3.540 millones en el período comparable de 2025.

Las refinerías también experimentaron un crecimiento extraordinario. Valero Energy multiplicó por seis sus ganancias trimestrales, hasta alcanzar 6.830 millones de dólares. Phillips 66 pasó de 133 millones a 5.620 millones.

Parte de estos resultados responde al encarecimiento internacional de los productos refinados. El margen bruto de refinación llegó aproximadamente a 62 dólares por barril en octubre, según datos atribuidos a Argus Media.

Las instalaciones estadounidenses aprovecharon esta coyuntura trabajando cerca de su capacidad máxima. Durante el tercer trimestre, la utilización promedio de las refinerías alcanzó el 95 %, mientras Phillips 66 operó al 98 %.

El crecimiento de las utilidades petroleras contrasta con el aumento del gasto de los hogares.

Según estimaciones atribuidas al Climate Solutions Lab de la Universidad de Brown, los consumidores estadounidenses afrontaron 147.000 millones de dólares adicionales en combustibles respecto de un escenario sin guerra.

La cifra equivale a más de 1.100 dólares por hogar, aunque representa una estimación económica y no un desembolso uniforme para todas las familias.

La gasolina pasó de aproximadamente 2,98 a 4,25 dólares por galón. El diésel registró un incremento todavía mayor, desde 3,67 hasta 6,35 dólares.

Este último encarecimiento tiene consecuencias que trascienden las estaciones de servicio. El transporte de mercancías, la agricultura y la construcción dependen del diésel, por lo que sus mayores costos operativos pueden terminar reflejándose en los precios finales.

Dividendos millonarios y una posible reanudación de la guerra en Irán

Las ganancias extraordinarias también beneficiaron directamente a los accionistas. ExxonMobil distribuyó 9.400 millones de dólares durante el trimestre mediante dividendos y recompras de acciones.

Sin embargo, varias empresas mantuvieron sus planes de inversión anteriores al conflicto, pese al aumento de los recursos disponibles.

Esta situación plantea interrogantes sobre cuánto contribuirán las ganancias actuales a ampliar la capacidad productiva y aliviar futuras presiones sobre los precios.

El fenómeno tampoco se limita a Estados Unidos. Shell obtuvo utilidades trimestrales de 12.060 millones de dólares y TotalEnergies alcanzó 8.260 millones, más del doble de sus resultados anteriores.

Las elecciones legislativas estadounidenses introducen una nueva incertidumbre en el mercado energético. Donald Trump ha planteado la posibilidad de reanudar los ataques contra Irán después de los comicios, aunque todavía no existe una decisión definitiva.

De concretarse una nueva ofensiva militar, el primer efecto podría producirse en las cotizaciones internacionales del petróleo. Los operadores incorporarían una mayor prima de riesgo ante posibles interrupciones del suministro desde el golfo Pérsico.

El escenario sería especialmente delicado si Irán respondiera atacando instalaciones petroleras regionales o restringiendo nuevamente la navegación por el estrecho de Ormuz, una ruta estratégica para el comercio mundial de hidrocarburos.

Para las petroleras estadounidenses, otra escalada podría abrir un nuevo período de ganancias extraordinarias, especialmente entre las compañías refinadoras que mantengan su capacidad operativa. Sin embargo, el resultado dependería de la evolución de los costos de producción, la disponibilidad de crudo y los daños que pudiera sufrir la infraestructura energética.

Los consumidores afrontarían riesgos adicionales. Nuevos aumentos de la gasolina y el diésel podrían alimentar la inflación, reducir el poder adquisitivo y presionar los presupuestos familiares.

Así, las decisiones militares que adopte Washington después de las elecciones podrían determinar si las ganancias extraordinarias de las petroleras de Estados Unidos comienzan a moderarse o si los consumidores estadounidenses afrontan otra etapa de encarecimiento energético y terminan siendo otros perdedores de una guerra que casi nadie quiso.