La guerra entre Rusia y Ucrania continúa transformando el comercio mundial del trigo. Los ataques contra puertos y embarcaciones del mar Negro han obligado a ambos países a buscar rutas alternativas para exportar sus cosechas. El resultado es un negocio cada vez más costoso, con agricultores que reciben menos ingresos, compradores que pagan mayores gastos de transporte y competidores internacionales que encuentran nuevas oportunidades comerciales.

Rusia, uno de los principales exportadores mundiales de trigo, enfrenta una contradicción económica. Aunque dispone de una cosecha abundante, las dificultades para transportarla limitan sus ingresos y amenazan la rentabilidad del sector agrícola.

Entre julio y septiembre de este año, las exportaciones rusas de trigo cayeron un 38 % interanual, según estimaciones de Rusagrotrans. El problema se concentra en la infraestructura logística, especialmente en los puertos meridionales.

Rusia lleva su trigo hasta el Ártico

La respuesta de Moscú incluye una reorganización de sus rutas comerciales. El puerto de Múrmansk, situado en el Ártico, comenzó a utilizar instalaciones anteriormente destinadas a fertilizantes para enviar trigo al norte de África.

La primera operación experimental movilizó 29.500 toneladas de cereal. Sin embargo, transportar el producto desde las regiones agrícolas de Stavropol exige recorrer más de 3.000 kilómetros por ferrocarril antes de embarcarlo.

Esta distancia representa mayores gastos de combustible, almacenamiento y manipulación de mercancías, que reducen los márgenes comerciales.

Rusia también intenta aumentar las exportaciones mediante los puertos bálticos de Ust-Luga y San Petersburgo, además de desarrollar conexiones con Irán a través del mar Caspio.

El problema es que estas alternativas tienen limitaciones. Las estimaciones disponibles indican que las terminales del Báltico podrían absorber, como máximo, aproximadamente la mitad de los volúmenes perdidos en las rutas tradicionales.

El Gobierno ruso ha respondido con medidas fiscales, incluida la suspensión temporal del impuesto a las exportaciones de trigo.

La efectividad de estos incentivos dependerá de que las empresas puedan transportar suficientes volúmenes hasta los compradores extranjeros.

Ucrania también paga las consecuencias de la guerra del trigo

Ucrania enfrenta problemas semejantes. Los ataques contra la infraestructura portuaria de Odesa han impulsado el uso de corredores alternativos por el Danubio y conexiones terrestres con la Unión Europea.

Estas rutas permiten mantener una parte del comercio, pero tienen menor capacidad y resultan más caras. Según estimaciones de las autoridades ucranianas, los gastos adicionales pueden alcanzar al menos 50 dólares por tonelada.

La reducción de la competitividad rusa y ucraniana abre oportunidades para productores de otros países, especialmente Estados Unidos.

Los exportadores estadounidenses podrían conquistar clientes que tradicionalmente compraban trigo del mar Negro. Sin embargo, ganar participación comercial no garantiza automáticamente mayores beneficios, porque estos dependen de los precios internacionales y los costos de producción. Mientras, Europa continúa viendo cómo paga la guerra en Ucrania.

Las compañías navieras también pueden obtener mayores ingresos por determinados trayectos. Según Fastmarkets, algunos fletes vinculados al mar Negro registraron incrementos superiores al 100 % desde mediados de julio.

El norte de África y Oriente Medio figuran entre las regiones expuestas a las interrupciones del comercio cerealero. Aunque una mayor oferta procedente de otros productores podría compensar parte de las pérdidas comerciales, las rutas más largas y caras aumentan la factura de importación.

La evolución futura de los precios dependerá de la seguridad marítima, las cosechas disponibles y la capacidad de los exportadores alternativos.

Una prolongación de los ataques contra las infraestructuras agrícolas podría consolidar nuevas rutas comerciales, pero también profundizar la guerra del trigo y, con ella, las pérdidas de Rusia y Ucrania.