La nueva caída del Bitcoin no es un accidente aislado ni un simple episodio de volatilidad extrema. Es el resultado de una combinación de factores macroeconómicos que, al alinearse, han vuelto a colocar a la criptomoneda más influyente del mercado en el centro de un ajuste profundo, prolongado y aún inconcluso.
Tras perder el umbral de los 73 000 dólares y luego deslizarse por debajo de los 64 000, el mercado confirmó lo que muchos analistas venían advirtiendo: el ciclo alcista impulsado por expectativas políticas y liquidez abundante se agotó antes de consolidarse. El retroceso supera ya el 40 % desde los máximos de finales de 2025 y ha borrado buena parte del optimismo acumulado en apenas unos meses.
Un giro macro que castiga a los activos de riesgo
El detonante más reciente de la caída del Bitcoin es Kevin Warsh. Su nominación como futuro presidente de la Reserva Federal fue interpretada por los mercados como una señal clara de endurecimiento monetario. Warsh es asociado con una política de tasas reales más altas y con una reducción del balance de la Fed, un escenario históricamente hostil para activos que dependen de la liquidez, como Bitcoin.
En un contexto donde el costo del dinero deja de ser barato, los inversores reajustan prioridades. El capital migra hacia instrumentos tradicionales, percibidos como menos volátiles, mientras los activos de riesgo quedan expuestos a salidas abruptas. Bitcoin no escapó a esa lógica y, de hecho, amplificó el movimiento por su propia estructura de mercado.
Uno de los elementos más decisivos del actual desplome es la retirada sostenida de capital institucional. Los ETF de Bitcoin al contado en Estados Unidos, que durante meses actuaron como ancla de liquidez, registraron salidas multimillonarias consecutivas. Ese flujo negativo debilitó el soporte del precio y dejó el mercado a merced del sentimiento minorista y de la especulación de corto plazo.
Sin compras institucionales agresivas que amortigüen las caídas, cada ruptura de niveles técnicos relevantes desencadena nuevas ventas. El resultado es un mercado frágil, donde la profundidad se reduce y los movimientos se vuelven más violentos.
Liquidaciones, apalancamiento y efecto dominó del Bitcoin
A este escenario se suma el elevado uso de apalancamiento. La caída activó liquidaciones masivas de posiciones largas, forzando ventas automáticas que intensificaron el desplome. En cuestión de días, miles de millones de dólares en posiciones fueron cerradas, empujando aún más los precios a la baja.
Este mecanismo explica por qué Bitcoin registró una de sus mayores caídas diarias en años. No se trató solo de un cambio de expectativas, sino de un efecto dominó típico de mercados altamente apalancados cuando el viento macroeconómico gira en contra.
Uno de los cambios más reveladores del ciclo actual es la ruptura de narrativas tradicionales. Mientras el oro logró atraer compradores en las caídas, Bitcoin no lo hizo. Su correlación con otros activos se debilitó y su desempeño quedó por debajo incluso en momentos de relativa estabilidad bursátil.
Este comportamiento refuerza una conclusión incómoda para muchos inversores y es que el Bitcoin sigue siendo tratado mayoritariamente como un activo de riesgo, no como un refugio de valor. En fases de estrés macroeconómico, esa diferencia resulta crucial.
Durante buena parte del ciclo anterior, la expectativa de avances regulatorios en Estados Unidos funcionó como motor del mercado. Hoy, ese impulso está ausente. El estancamiento legislativo en torno a un marco claro para los activos digitales ha eliminado otro catalizador clave, devolviendo la volatilidad a niveles propios de finales de 2025.
Sin señales claras desde el frente regulatorio, el mercado carece de un relato positivo capaz de contrarrestar el peso de las variables macro.
¿Hasta cuándo puede durar la caída del Bitcoin?
La respuesta corta es incómoda: mientras persistan las condiciones actuales. Un entorno de tasas elevadas, salidas institucionales y ausencia de catalizadores regulatorios sugiere que la presión puede extenderse durante los próximos meses. Algunos analistas ya contemplan escenarios con pruebas de niveles más bajos antes de una estabilización real.
Eso no implica la desaparición de Bitcoin. La criptomoneda sigue muy por encima de los niveles de 2023 y mantiene una base estructural sólida. Pero el mercado parece haber entrado en una fase de maduración forzada, donde la volatilidad deja de ser una anomalía y vuelve a ocupar su lugar natural.
Más que una corrección puntual, lo que vive Bitcoin hoy es un ajuste macroeconómico. Y como suele ocurrir en estos ciclos, no terminará cuando se agote el miedo, sino cuando cambien las condiciones que lo alimentan.
