El rearme europeo supuestamente es para depender menos de Estados Unidos; pero las cifras apuntan en la dirección contraria. El plan Preparación 2030 pretende movilizar hasta 800.000 millones de euros en cuatro años, sin embago, una parte considerable de ese dinero terminará financiando armamento, tecnología, licencias y cadenas de suministro controladas por empresas estadounidenses.
La contradicción está en el centro de la nueva política de defensa de la Unión Europea. Bruselas presenta el incremento del gasto militar como un paso hacia la autonomía estratégica, mientras los países europeos continúan siendo los principales compradores de la industria armamentística de Estados Unidos.
Europa representa cerca del 40 % de las exportaciones estadounidenses de armas, por un valor aproximado de 130.000 millones de dólares. Más de la mitad de las adquisiciones europeas de defensa todavía procede de proveedores de ese país. El resultado es que Europa asumirá la deuda, pero Washington conservará buena parte del negocio y del control tecnológico.
Cómo se pagarán los millones del rearme europeo
El plan europeo combina 150.000 millones de euros en préstamos para compras conjuntas con la posibilidad de movilizar otros 650.000 millones mediante el aumento del gasto militar de los Estados miembros.
No se trata de dinero nuevo. Los gobiernos deberán obtenerlo mediante tres vías: más deuda pública, mayores impuestos o recortes en otras partidas. La flexibilización de las reglas fiscales permitirá que ciertas inversiones militares no sean consideradas dentro de los límites habituales de déficit, pero esa excepción contable no elimina la deuda ni los intereses.
Los préstamos europeos podrían pagarse durante 45 años. Esto significa que una parte de las armas compradas antes de 2030 seguirá siendo financiada por contribuyentes que todavía no han nacido o que hoy no tienen edad para votar.
El rearme tampoco parte de un nivel bajo. Europa destinó alrededor del 2,1 % de su producto interno bruto a defensa en 2025, mientras Polonia y los países bálticos avanzan hacia niveles cercanos al 5 %. La OTAN ha elevado progresivamente sus expectativas, presión de Trump mediante. Del compromiso del 2 % se pasó a discutir un 3,5 % estrictamente militar y otro 1,5 % destinado a infraestructura y seguridad vinculadas con la defensa.
España permite dimensionar el salto. En 2025 ese país tuvo un gasto cercano a 32.000 millones de euros. Alcanzar el 3,5 % del PIB podría elevarlo a unos 80.000 millones anuales; llegar al 5 % lo llevaría a aproximadamente 114.000 millones. La diferencia no puede cubrirse sin modificar profundamente las prioridades presupuestarias.
Rearmarse comprando armas estadounidenses
La dependencia europea no se limita a la compra inicial. Los sistemas militares modernos requieren mantenimiento, software, actualizaciones, municiones, repuestos, capacitación y autorizaciones de exportación. Cuando un país adquiere un sistema estadounidense, establece una relación que puede prolongarse durante décadas.
El acuerdo entre Lockheed Martin y Rheinmetall para fabricar misiles ATACMS en Alemania ilustra ese modelo. La producción se realiza en territorio europeo y genera actividad industrial local, pero utiliza tecnología estadounidense y mantiene los derechos, licencias y controles vinculados al proveedor original.
La industria europea tampoco está preparada para sustituir rápidamente a Estados Unidos. El sector permanece fragmentado entre 27 mercados nacionales. Existen múltiples modelos de tanques, aviones, fragatas, municiones y sistemas electrónicos, con cadenas de producción pequeñas y costos superiores a los de competidores de mayor escala.
Alrededor del 80 % de las compras europeas de equipamiento militar se ha realizado fuera de la Unión, principalmente en Estados Unidos. El problema no se resuelve únicamente obligando a comprar productos europeos. Si la industria continental no aumenta su escala, reduce duplicidades y mejora la interoperabilidad, los gobiernos seguirán recurriendo a proveedores estadounidenses para cumplir sus calendarios de rearme.
Los beneficiarios del rearme europeo ya tienen nombre
En Estados Unidos, Lockheed Martin y otros grandes contratistas aparecen como ganadores directos. En Europa, empresas como Rheinmetall, Airbus, Leonardo, Thales, BAE Systems, Saab, MBDA e Indra recibirán contratos, créditos públicos y nuevas oportunidades de expansión.
La influencia de estas compañías sobre la política europea no es marginal. El Registro de Transparencia de la UE incluye 122 empresas que realizan actividades de lobby relacionadas con cuestiones militares. A ellas se suman alrededor de 200 asociaciones, centros de pensamiento y organizaciones vinculadas a defensa y seguridad.
Las diez principales empresas armamentísticas mantuvieron 688 reuniones con integrantes de la Comisión Europea entre 2014 y 2025. Entre 2019 y 2025 celebraron otras 329 con miembros del Parlamento Europeo. Solo entre enero y octubre de 2025, la Comisión recibió a representantes de la industria militar en 89 ocasiones para debatir rearme y geopolítica, frente a apenas 15 reuniones con sindicatos, científicos u organizaciones sociales sobre esos temas.
La inversión en influencia ha producido resultados. Diez grandes compañías europeas declararon 7,5 millones de euros en gastos de lobby durante 2024. El Fondo Europeo de Defensa dispone de 8.000 millones, y alrededor del 40 % de esos recursos ha terminado en empresas situadas entre las principales beneficiarias del sector.
Supuestamente mayores arsenales aumentarán la disuasión. Pero el rearme también puede alimentar una nueva carrera armamentística, endurecer la confrontación con Rusia y hacer más dependiente a Europa de las decisiones estratégicas de Washington.
La Unión Europea podría gastar 800.000 millones sin resolver sus principales debilidades, desde ausencia de una política exterior común, fragmentación industrial, dependencia tecnológica hasta subordinación operativa a la OTAN.
Los ciudadanos europeos pagarán mediante deuda, impuestos o pérdida de servicios públicos. Las empresas armamentísticas recibirán contratos garantizados por los Estados. Estados Unidos mantendrá su posición como proveedor central de armas, tecnología y soporte.
Europa tendrá más misiles y más deuda. No está demostrado que tenga más autonomía ni mayor seguridad.
