El terremoto de magnitud 7,7 que sacudió Panamá el 9 de octubre, con epicentro a 12 kilómetros al oeste-suroeste de Pitaloza Arriba, en Herrera, dejó una pregunta incómoda en miles de hogares: ¿qué habría pasado si el movimiento hubiese sido más fuerte, más largo o hubiese afectado servicios esenciales? El evento recordó que una emergencia no avisa. Llega mientras los niños están en la escuela, los adultos trabajan, alguien conduce o una persona mayor está sola en casa.
Esa es la pregunta central de Preparacionismo Básico para Mortales, del autor y formador panameño Miguel Esquivel Klein, publicado este mes en Amazon. El libro no parte de una visión apocalíptica. No propone esconderse en un búnker ni convertir una vivienda en una fortaleza. Propone algo más útil: preparar decisiones simples antes de que el miedo, la confusión y la falta de información obliguen a improvisar.
El manuscrito ya estaba terminado antes del sismo. Su publicación estaba prevista para abril, junto con los otros dos títulos de la trilogía Preparacionismo para Mortales. Sin embargo, el 9 de octubre convirtió la teoría en una prueba concreta. La familia del autor tenía cuatro mochilas de evacuación junto a la puerta. Cada integrante conocía el punto de encuentro. Su hijo de 15 años llegó desde la escuela sin depender de llamadas ni instrucciones de último minuto.
La red celular se saturó. En ese momento, no funcionó la improvisación. Funcionó un mensaje de texto que ya estaba redactado, listo para enviarse cuando apareciera señal. Esa experiencia cambió el calendario del libro. Personas que habían leído el manuscrito pidieron que no esperara hasta abril. Entendieron que la preparación no responde solo a terremotos. También sirve ante inundaciones, incendios, fallas eléctricas prolongadas, cortes de agua, deslizamientos, tormentas, cierres viales y situaciones familiares inesperadas.
Preparacionismo para familias que no quieren improvisar
La idea de preparar un hogar suele generar rechazo porque muchas personas asocian el tema con miedo. Sin embargo, el libro plantea otra lectura. Prepararse significa reducir la dependencia de la suerte. Significa saber dónde está la familia, tener agua cuando se interrumpe el suministro y contar con documentos cuando una evacuación obliga a salir rápido. Como escribe Esquivel Klein, el método pide «que pienses antes de que haya algo que pensar. Que actúes antes de que haya urgencia para actuar».

La vida urbana transmite una sensación de abundancia. Hay supermercados, estaciones de servicio, farmacias, cajeros automáticos, aplicaciones de reparto y teléfonos conectados. Pero esa abundancia depende de un flujo diario. Los alimentos llegan en camiones. El agua necesita energía y bombeo. Los pagos digitales requieren red. El combustible debe llegar a las estaciones. Cuando uno de esos sistemas se interrumpe, la ciudad cambia de ritmo en pocas horas.
El libro resume esa fragilidad con una frase directa: «La sensación de abundancia que existe en el entorno urbano no proviene de reservas, sino de flujo constante». La afirmación no busca alarmar. Busca hacer visible una realidad cotidiana. Un hogar puede tener comida para una cena y aun así estar mal preparado para tres días sin poder comprar, retirar efectivo o trasladarse.
La primera decisión debe tomarse antes de cualquier emergencia: definir un punto de encuentro familiar. Cada persona puede estar en un lugar distinto cuando ocurra un sismo, una inundación o un incendio. Uno puede estar en la oficina. Otro, en la escuela. Alguien puede estar atrapado en tráfico. Por eso no basta con decir “nos vemos en casa”. Hay que acordar un sitio específico, reconocible y accesible por varias rutas.
Preparacionismo: cómo proteger a tu familia en 30 días
Ese punto puede ser la casa de un familiar cercano, un parque abierto, una iglesia, una estación de combustible o una esquina conocida fuera del área de mayor riesgo. También conviene fijar una alternativa. Una ruta puede estar bloqueada. El edificio elegido puede estar cerrado. La zona puede no ser segura. Lo importante es que todos conozcan ambas opciones y entiendan cuándo usar cada una.
También hay que responder preguntas incómodas. ¿Quién recoge a los niños si los padres no pueden llegar? ¿Qué adulto autorizado puede hacerlo? ¿Si el colegio evacúa qué sucede? ¿Qué hará una persona mayor que vive sola? El Sistema Nacional de Protección Civil recomienda que las familias elaboren y practiquen un plan de emergencia, con tareas, rutas y recursos definidos antes de un desastre.
La segunda decisión consiste en redactar hoy el mensaje que se enviará mañana. En una emergencia, las llamadas suelen fallar porque miles de personas intentan comunicarse al mismo tiempo. Un mensaje breve consume menos red y puede enviarse en el momento preciso. El contenido debe ser claro. Basta con incluir el nombre, la condición de la persona y el destino previsto. Por ejemplo: “Estamos bien. Salimos del edificio. Vamos al punto de encuentro A”.
No conviene escribir párrafos largos. Tampoco hay que esperar a tener información perfecta. El objetivo es reducir la incertidumbre de la familia. Si una persona sabe que los demás siguen el plan, evita desplazamientos peligrosos y llamadas repetidas. También es útil elegir un contacto externo, alguien que viva en otra provincia o país, para centralizar mensajes si las comunicaciones locales se vuelven inestables.
La tercera decisión es definir cuándo quedarse y cuándo evacuar. Muchas familias asumen que siempre deben salir. Otras creen que deben esperar hasta el último momento. Ambas reacciones pueden ser peligrosas. La respuesta depende de la amenaza, de la vivienda, de las condiciones de salud de quienes viven allí y de las instrucciones oficiales.
Preparacionismo básico ante terremotos, apagones e inundaciones
El libro propone una matriz personal de decisión. La familia debe responder qué tendría que ocurrir para salir, en qué circunstancias sería más seguro permanecer dentro de la vivienda y cuánto tiempo máximo se esperará antes de actuar. Un incendio cercano, una orden de evacuación, una inundación que sube, daños visibles en la estructura o la falta prolongada de agua pueden cambiar la decisión. La idea es no discutir por primera vez cuando todos están bajo presión.
“Esperar indefinidamente no es una estrategia”, advierte el autor. Esa frase resume un problema frecuente. Muchas personas tienen equipos y provisiones, pero no han definido el momento de utilizarlos. Prepararse no es acumular objetos. Es establecer criterios. Una mochila sirve poco si nadie sabe cuándo tomarla. Un vehículo lleno de combustible no ayuda si la familia no sabe hacia dónde ir.
La cuarta decisión es preparar una mochila de evacuación y dejarla junto a la salida. No debe permanecer en el fondo de un clóset ni en una habitación a la que no se pueda acceder durante un incendio, un sismo o una evacuación rápida. La mochila debe permitir salir en minutos, no organizar una mudanza.
El Kit Mínimo Viable propuesto por el libro incluye agua lista para beber, un filtro, alimentos para 72 horas, una linterna de cabeza, un botiquín, medicamentos personales, documentos protegidos, efectivo, cargadores, calzado cerrado y artículos de higiene. Cada familia debe adaptarlo. Un bebé necesita pañales y fórmula. Una persona con diabetes necesita insumos específicos. Un adulto mayor puede requerir medicación, lentes, audífonos o una lista de contactos médicos.
SINAPROC recomienda una mochila de 72 horas con agua, alimentos no perecederos, ropa, artículos de higiene, botiquín, radio, linterna, documentos, llaves y herramientas básicas. También insiste en revisar fechas de vencimiento y en incluir los medicamentos que necesita cada integrante del hogar. La mochila no es un símbolo. Es una herramienta que debe revisarse varias veces al año.
Preparacionismo: prepararse no es miedo, es responsabilidad
La quinta decisión es priorizar el agua. Sin agua segura, el resto de las provisiones pierde valor con rapidez. El libro recomienda un mínimo de cuatro litros por persona al día para beber y cocinar. Para una familia de cuatro personas, eso equivale a al menos 16 litros diarios. Si se toma como referencia una semana, la reserva básica supera los 110 litros, sin contar higiene o limpieza.
La guía estadounidense Ready.gov recomienda almacenar al menos un galón, cerca de 3,8 litros, por persona al día durante varios días, tanto para beber como para necesidades básicas. También señala que la cantidad necesaria puede aumentar en climas cálidos, con niños, personas mayores, enfermedades o actividad física. En Panamá, donde el calor y la humedad elevan la necesidad de hidratación, planificar una reserva superior a tres días resulta razonable.
El agua debe almacenarse en envases seguros, limpios y fáciles de mover. No todo debe concentrarse en un recipiente grande. Es mejor distribuirla. Una parte puede ir en la mochila. Otra, en botellas selladas. Otra, en recipientes de mayor capacidad. Además, una familia debe conocer cómo cerrar la llave principal del agua y cómo identificar si el suministro se contaminó tras una inundación o daño en tuberías.
La sexta decisión se relaciona con el efectivo y el transporte. En una ciudad digital, muchas personas dependen por completo de tarjetas, aplicaciones y transferencias. Sin embargo, los cajeros necesitan energía. Los terminales de pago requieren conexión. Las aplicaciones dependen de señal y batería. Por eso el libro recomienda tener efectivo en billetes pequeños, guardado de forma discreta y distribuido con prudencia.
No se trata de almacenar grandes cantidades. Se trata de poder pagar agua, comida, transporte, medicamentos o una recarga cuando los sistemas habituales no funcionan. Los billetes pequeños son más prácticos porque muchos comercios no tendrán cambio. También conviene mantener copias de documentos importantes en una bolsa impermeable y respaldos digitales protegidos por contraseña.
Preparacionismo para mortales: agua, comunicación y decisiones clave
En cuanto al vehículo, el libro propone la regla del medio tanque. Nunca conviene dejar el combustible por debajo del 50 %. Una estación puede quedarse sin energía, sin sistema de pagos o sin combustible. Además, las filas aparecen rápido cuando existe incertidumbre. Tener combustible no obliga a evacuar. Solo conserva una opción abierta.
La séptima decisión es aprender a comunicarse sin depender por completo del celular. La propuesta del libro combina un radio multibanda para recibir información, walkie-talkies para coordinar desplazamientos cercanos y un equipo que permita escuchar frecuencias de emergencia cuando sea legal y apropiado hacerlo. El objetivo no es sustituir a las autoridades. Es evitar el aislamiento informativo.
Las familias deben conocer los canales oficiales y evitar difundir rumores. SINAPROC recomienda atender la información emitida por las autoridades y, durante un sismo, aplicar la regla de agacharse, cubrirse y sujetarse hasta que termine el movimiento. También aconseja alejarse de ventanas, postes, cables eléctricos y estructuras inestables. Prepararse también significa saber qué información ignorar.
El valor de Preparacionismo Básico para Mortales está en convertir una preocupación abstracta en acciones concretas. Su último capítulo presenta un plan de 30 días, con una tarea por jornada. La primera semana no exige compras importantes. Empieza con papel y lápiz. Pide identificar quiénes vivirían juntos durante una crisis, qué amenazas son reales en la zona, qué recursos ya existen y cuál es el punto más débil del hogar.
Después vienen los ajustes. Revisar la salida. Ordenar documentos. Hablar con los hijos. Anotar contactos. Separar agua. Preparar la mochila. Verificar medicamentos. Practicar una salida. Cada paso reduce incertidumbre. Cada conversación evita que alguien tenga que tomar una decisión crítica sin información.
Preparacionismo: el plan familiar que debe existir antes del caos
El método no exige perfección. Exige avance. «No se trata de hacer todo perfecto. Se trata de no estar exactamente donde estabas hace un mes», resume el libro. Esa idea resulta especialmente útil para familias que creen no tener presupuesto, espacio o tiempo. La preparación comienza con organización. Luego crece según las posibilidades de cada hogar.
Miguel Esquivel Klein lleva más de cuarenta años formando a personas, equipos y organizaciones para decidir y actuar bajo presión. Fue oficial reservista e instructor de liderazgo en una academia de la Marina de los Estados Unidos. Durante catorce años trabajó como contratista de capacitación para las Fuerzas Armadas de ese país. También es autor de Supervivencia Básica para Mortales (2020) y fundador y director de la Academia Empresarial Latinoamericana, ACADEL.

El libro puede comprarse en Amazon, tanto en su versión de tapa dura como blanda
Preparacionismo Básico para Mortales está disponible en Amazon en tapa blanda, Kindle y tapa dura, incluida una edición de lujo para regalo. En Panamá también puede encontrarse a través de 911pty.com, un proyecto privado del autor sin afiliación con el Sistema Nacional de Emergencias 911. El sitio también ofrece una charla gratuita de una hora para edificios, escuelas, asociaciones y empresas con grupos de 40 personas o más.
La conclusión del libro cabe en una línea: «Prepararte no es miedo. Es responsabilidad».
