El Mundial de fútbol de 2026, que se celebrará por primera vez en tres países —Estados Unidos, México y Canadá—, podría enfrentar un obstáculo inesperado: una guerra comercial que amenaza con alterar su planificación y ejecución. A poco más de un año de su inicio, programado para el 11 de junio de 2026 en el icónico Estadio Azteca, las tensiones económicas entre las naciones anfitrionas generan incertidumbre sobre cómo se llevará a cabo este evento histórico.

Con 48 selecciones participantes y 104 partidos en total, el torneo promete ser el más grande de la historia, pero el panorama político y comercial podría transformar su desarrollo.

Un torneo ambicioso en un contexto incierto por la guerra comercial

La Copa del Mundo 2026 no solo marcará un hito por su formato ampliado, sino también por la colaboración trilateral entre tres naciones vecinas. Estados Unidos albergará la mayoría de los encuentros (78), mientras que México y Canadá organizarán 13 cada uno. Sin embargo, las recientes guerras comerciales, especialmente impulsadas por políticas proteccionistas desde Washington, están poniendo en riesgo la armonía necesaria para coordinar un evento de esta magnitud. Aranceles elevados, restricciones migratorias y roces diplomáticos podrían complicar la logística, desde el traslado de equipos hasta la experiencia de los aficionados.

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, ha destacado que el torneo generará un impacto económico de miles de millones de dólares y creará cientos de miles de empleos. Pero, ¿qué sucede si las guerras comerciales dificultan el flujo de bienes, servicios y personas entre los tres países? La respuesta no es clara, y los organizadores enfrentan un desafío sin precedentes.

La guerra comercial en el foco

En los últimos meses, Estados Unidos ha intensificado sus amenazas de imponer aranceles a productos provenientes de México y Canadá, sus principales socios comerciales bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Estas medidas, justificadas como una forma de proteger la economía interna, podrían encarecer los costos de infraestructura, transporte y suministro para el Mundial. Por ejemplo, la construcción o remodelación de estadios, como el Azteca en Ciudad de México o el MetLife Stadium en Nueva Jersey, depende de materiales que cruzan fronteras diariamente.

Además, la logística de un torneo que abarca tres países requiere una coordinación fluida. Si las guerras comerciales restringen el movimiento de mercancías o incrementan los tiempos de espera en aduanas, los preparativos podrían retrasarse. Expertos sugieren que incluso el traslado de equipos, árbitros y personal técnico podría verse afectado, algo impensable en un evento donde cada minuto cuenta.

Migración y aficionados: el impacto humano

Otro aspecto crítico es la movilidad de las personas. El Mundial no solo es un espectáculo para los jugadores, sino también para millones de aficionados que cruzarán fronteras para asistir a los partidos. Políticas migratorias más estrictas, como las que ha puesto en vigor la Administración Trump, podrían limitar la entrada de visitantes, afectando la atmósfera festiva que caracteriza a la Copa del Mundo. México, con su rica tradición futbolística, espera recibir a multitudes en ciudades como Guadalajara y Monterrey, pero las tensiones podrían reducir esa afluencia.

¿Un Mundial en riesgo o una oportunidad de reconciliación?

A pesar de los nubarrones, hay quienes ven en el Mundial una oportunidad para suavizar las relaciones entre las tres naciones. El fútbol, con su poder unificador, podría servir como un catalizador para negociaciones que eviten una escalada comercial. La FIFA, consciente de las dificultades, ha intensificado sus esfuerzos diplomáticos, trabajando con los gobiernos para garantizar que el torneo se desarrolle sin sobresaltos. La creación de un grupo de trabajo especial, anunciado recientemente, busca alinear a las autoridades en un objetivo común: hacer del 2026 un éxito global.

Adaptarse o sucumbir

Los organizadores no son ajenos a los desafíos. Si las tensiones persisten, podrían surgir planes alternativos, como redistribuir partidos o ajustar sedes para minimizar el impacto de las barreras comerciales. Sin embargo, esto implicaría un costo adicional y podría generar descontento entre los países anfitriones, especialmente México y Canadá, que ya tienen menos encuentros asignados que Estados Unidos.

El balón sigue en juego pese a la guerra comercial

A 15 meses del silbatazo inicial, el Mundial de 2026 se encuentra en una encrucijada. Las guerras comerciales entre Estados Unidos, México y Canadá podría alterar su esencia, pero también podría ser el escenario donde estas naciones demuestren que el deporte trasciende las fronteras políticas. Mientras los preparativos avanzan, el mundo observa expectante: ¿será este el torneo que cambie las reglas del juego, dentro y fuera de la cancha? Por ahora, el balón sigue rodando, pero el resultado está lejos de definirse.