La industria de los videojuegos arrancó 2026 no solo como el mayor sector del entretenimiento global, sino uno de los más influyentes en términos económicos, culturales y tecnológicos. Tras el freno que siguió al boom pandémico, el mercado vuelve a crecer con una proyección clara hacia el final de la década, impulsado menos por la euforia y más por transformaciones estructurales profundas.
Las previsiones apuntan a un crecimiento sostenido cercano al 6 % anual hasta 2030, con ingresos globales que podrían alcanzar los 350.000 millones de dólares. La cifra no solo supera con holgura al cine y la música combinados, sino que confirma que el videojuego dejó de ser una industria joven para convertirse en una infraestructura cultural madura.
El mercado del videojuego ya no depende solo de los jóvenes
Uno de los cambios más significativos está en el perfil del jugador. El crecimiento reciente no se explica únicamente por nuevas generaciones, sino por la permanencia del hábito de juego en la adultez. Personas que crecieron con consolas y PC no abandonaron el gaming, lo integraron a su vida cotidiana.
Más del 40 % de los llamados baby boomers y más de la mitad de la Generación X juegan al menos cinco horas semanales. Este dato reconfigura el mercado. El videojuego ya no compite solo por el tiempo libre adolescente, sino por la atención de públicos con mayor poder adquisitivo, pero también más sensibles al precio.
Esa sensibilidad es clave. Casi la mitad de los jugadores espera descuentos antes de comprar y una tercera parte reduciría su gasto si los precios siguen subiendo. El mensaje es que el crecimiento reciente no puede sostenerse únicamente con aumentos tarifarios.
La inteligencia artificial dejó de ser una promesa experimental para convertirse en una herramienta cotidiana del desarrollo. Cerca del 20 % de los juegos lanzados a finales de 2025 ya declaraban algún uso de IA, y aproximadamente la mitad de los estudios la emplea en al menos una fase del proceso productivo.
El impacto es doble. Por un lado, mejora la eficiencia, ya que automatiza pruebas, optimiza código y reduce costos. Por otro, transforma la experiencia de juego, permitiendo mundos que reaccionan en tiempo real al comportamiento del usuario, con narrativas y desafíos menos predecibles.
Pero no todo es entusiasmo. Una parte significativa de los desarrolladores teme una reacción adversa de los jugadores si la IA se percibe como un atajo creativo o una amenaza al trabajo humano. El equilibrio entre innovación tecnológica y legitimidad cultural será uno de los grandes dilemas del sector.
El contenido generado por usuarios ya es una economía propia
El auge del contenido generado por usuarios (UGC) consolidó una economía paralela dentro del gaming. Pagos por más de 1 500 millones de dólares a creadores en un solo año revelan que ya no se trata de un complemento, sino de un modelo de negocio en sí mismo.
Aunque solo entre el 10 % y el 15 % de los jugadores crea contenido, más del 40 % consume hoy más UGC que hace un año. Además, más de la mitad de los jugadores probaría un nuevo título si su creador favorito cambia de juego. Los streamers y creadores se convirtieron en el canal de marketing más influyente de la industria.
El juego en la nube ocupa un lugar ambiguo. La mayoría ya lo probó y la experiencia suele ser positiva, pero todavía no logra convertirse en hábito regular. Las barreras no son tecnológicas solamente. También pesan la conectividad, los costos y, sobre todo, las rutinas de consumo.
Aun así, las proyecciones son contundentes. Los ingresos del cloud gaming podrían multiplicarse más de diez veces antes de 2030 y superar los 50 millones de usuarios activos. No es una moda fallida, es una transición lenta.
La industria del videojuego es más grande, pero también más compleja
Los cambios regulatorios están alterando el mapa de la distribución, especialmente en móviles. La apertura a tiendas alternativas y a compras directas desde sitios de desarrolladores redefine la relación entre plataformas, estudios y usuarios.
Las compras dentro de aplicaciones móviles ya representan cerca de la mitad de los ingresos globales del sector. Cada vez más jugadores compran fuera de los ecosistemas tradicionales, buscando precios, control y cercanía con los creadores.
El informe de Boston Consulting Group dibuja una industria que deja atrás el crecimiento impulsivo y entra en una etapa de madurez exigente. Más jugadores, más edad, más tecnología y más opciones no garantizan automáticamente más ingresos.
El desafío del gaming en esta nueva fase no es crecer, sino sostener ese crecimiento sin perder confianza, creatividad ni equilibrio económico. El videojuego ya ganó la batalla del entretenimiento. Ahora enfrenta algo más difícil como es administrar su propio éxito.
