Panamá quiere trasladar al terreno digital su ubicación geográfica como una ventaja que durante décadas ha explotado en el comercio marítimo. La llegada del cable submarino TAM-1 y el futuro aterrizaje del sistema MANTA refuerzan esa estrategia, basada en convertir al país en un punto de paso, almacenamiento y distribución de datos entre distintas regiones del continente.

Actualmente, siete sistemas de cables submarinos atraviesan aguas jurisdiccionales panameñas. Estas redes transportan información a través de fibras ópticas instaladas en el fondo del mar y constituyen la columna vertebral de las comunicaciones internacionales. Para Panamá, su importancia no se limita a mejorar la velocidad de Internet. También representa una oportunidad para atraer capital, generar servicios especializados y ampliar su participación en la economía digital.

TAM-1 aumenta la capacidad de conexión

El sistema TAM-1, incorporado este año, tiene aproximadamente 7.000 kilómetros de longitud y una capacidad anunciada de hasta 650 terabits por segundo. Su trazado conecta a Panamá con Estados Unidos, Centroamérica y el Caribe.

Esa capacidad ofrece margen para absorber el crecimiento del tráfico de información asociado con la inteligencia artificial, los servicios en la nube y la expansión de los centros de datos. También puede mejorar la redundancia de la red, un factor decisivo para empresas que necesitan mantener sus operaciones incluso cuando una ruta de comunicación presenta fallas.

A esta infraestructura se sumará MANTA, un proyecto que enlazará a Panamá con Estados Unidos, México y Colombia. La combinación de ambos sistemas puede ampliar las alternativas de conexión y reducir la dependencia de corredores únicos para el traslado de información.

Las inversiones mundiales en nuevos cables submarinos podrían superar los 16.000 millones de dólares entre 2026 y 2029. La magnitud de esa cifra revela que la conectividad dejó de ser un asunto exclusivamente técnico para convertirse en un componente central de la competencia económica.

Las compañías dedicadas a servicios digitales necesitan redes capaces de transmitir enormes volúmenes de información con baja latencia y alta disponibilidad. Los países que concentran puntos de aterrizaje pueden ofrecer condiciones más atractivas para centros de datos, empresas tecnológicas y plataformas que operan en varios mercados.

Panamá parte con una ventaja geográfica evidente. Su posición entre dos océanos y su función histórica como puente entre Norteamérica y Sudamérica pueden trasladarse al ámbito de las telecomunicaciones. Sin embargo, disponer de cables no garantiza por sí solo la llegada de inversiones. El país también necesita seguridad jurídica, energía estable, servicios especializados y capacidad para convertir la conectividad en operaciones empresariales permanentes.

Proteger la infraestructura de cables submarinos también cuesta

El potencial económico convive con riesgos concretos. Entre 2008 y 2019, los daños a cables en aguas panameñas provocaron pérdidas superiores a 11 millones de dólares. El fondeo de embarcaciones fue identificado como una de las principales causas.

La Autoridad Marítima de Panamá evalúa las rutas, supervisa el tendido, actualiza la cartografía náutica y coordina medidas de protección. Mientras el Ministerio de Economía y Finanzas otorga las concesiones administrativas, la AMP debe procurar que los proyectos sean compatibles con la navegación y otras actividades marítimas.

La apuesta panameña no consiste únicamente en recibir más cables submarinos. El verdadero desafío económico será protegerlos, asegurar su continuidad y aprovecharlos para construir un ecosistema tecnológico capaz de generar empleo, inversión y nuevos servicios. En esa transformación, Panamá podría pasar de ser un territorio atravesado por datos a convertirse en uno de los centros donde esos datos producen valor.