La decisión del presidente Luiz Inácio Lula da Silva de prohibir las apuestas deportivas y los casinos en línea ha provocado un enfrentamiento entre el Gobierno brasileño y una industria que mueve miles de millones de dólares. La medida amenaza con alterar las finanzas del fútbol y abre un nuevo frente político para Lula, que afronta una segunda vuelta electoral.

El mandatario justificó la prohibición por las consecuencias sociales de las apuestas deportivas en Brasil, especialmente el endeudamiento familiar y la ludopatía. Sin embargo, los clubes de fútbol denuncian que perderán una fuente de ingresos fundamental para competir internacionalmente.

¿Por qué Lula decidió prohibir las apuestas deportivas en Brasil?

La medida provisional, firmada el 25 de septiembre, impide las operaciones y la publicidad de las plataformas digitales de apuestas. Desde el 6 de octubre, los sitios autorizados quedaron fuera de servicio.

Lula calificó las apuestas en línea como un problema que debía eliminarse debido a sus consecuencias sobre las familias. Las cifras explican parte de su preocupación. Según el Comité Nacional de Secretarios de Hacienda, las apuestas provocaron un impacto estimado de 62.500 millones de reales en los presupuestos familiares durante 2025.

El Ministerio de Salud calcula que los daños asociados al juego generan costos sociales de 38.800 millones de reales anuales. Además, el 20,4 % de los estudiantes de determinados niveles educativos reconoció haber realizado apuestas en línea. La decisión representa un giro radical respecto a una actividad legalizada en 2018 y regulada en 2023.

El conflicto adquiere dimensiones económicas considerables. Durante los últimos años, las casas de apuestas se convirtieron en los principales patrocinadores del fútbol brasileño.

En 2025, 18 de los 20 clubes de primera división tenían acuerdos con estas empresas. En 2026, la cifra descendió a 13. Los contratos directos de patrocinio alcanzaron este año los 977 millones de reales.

Para Corinthians, las apuestas representaron el 17,3 % de sus ingresos anuales, mientras que en Flamengo alcanzaron el 12,6 %.

La desaparición de esos contratos obligará a revisar presupuestos, buscar patrocinadores y posiblemente reducir inversiones deportivas. Flamengo incluso solicitó a la Corte Suprema una medida cautelar para suspender la prohibición.

Los clubes brasileños conquistaron las últimas siete ediciones de la Copa Libertadores. En cinco finales, ambos participantes fueron equipos de Brasil. Parte de esa superioridad estuvo respaldada por inversiones millonarias que permitieron contratar futbolistas y sostener plantillas competitivas. La prohibición podría modificar ese escenario.

Los clubes con mayores recursos, como Flamengo y Palmeiras, disponen de más posibilidades de adaptación. Otros equipos, financieramente más vulnerables, podrían encontrar dificultades para mantener sus inversiones.

Además, las casas de apuestas podrían trasladar sus patrocinios a clubes argentinos. River Plate, Boca Juniors y Racing aparecen como posibles destinos de inversiones que anteriormente llegaban a Brasil.

Así, una decisión destinada a proteger a las familias brasileñas podría terminar beneficiando económicamente a competidores regionales.

¿Puede la prohibición de las apuestas deportivas en Brasil costarle la presidencia a Lula?

La prohibición de las apuestas deportivas se ha convertido en un asunto electoral para Lula, que afrontará el próximo 25 de octubre una segunda vuelta frente a Flávio Bolsonaro. El candidato opositor ganó la primera ronda con el 47,03 % de los votos, frente al 45,16 % del mandatario, una diferencia de aproximadamente 2,2 millones de sufragios.

La decisión de Lula, anunciada nueve días antes de las elecciones, también puede interpretarse como una apuesta política por conectar con las familias afectadas por las deudas y la adicción al juego. Sin embargo, todavía no existen evidencias suficientes para determinar si esa medida contribuyó a su derrota en la primera vuelta.

Una encuesta de PoderData/Aya, publicada el 3 de octubre, ofrece una perspectiva interesante. El 52 % de los entrevistados apoyaba la prohibición de las apuestas, frente al 31 % que la rechazaba. Además, el 43 % consideraba que la decisión beneficiaba electoralmente a Lula, mientras el 31 % pensaba que lo perjudicaba. Estas cifras reflejan percepciones sobre la medida, sin demostrar que haya cambiado las preferencias de voto.

El presidente intenta convertir la protección de las familias en un argumento de campaña, pero enfrenta la resistencia de una industria económicamente poderosa y de clubes con millones de aficionados. El posible deterioro financiero del fútbol, especialmente si afecta fichajes, presupuestos y competitividad, puede alimentar las críticas contra una prohibición adoptada sin ofrecer a los equipos un plazo suficiente para sustituir sus patrocinios.

La controversia ya llegó a la propaganda electoral. La campaña de Lula difundió mensajes que advertían sobre un posible regreso de las apuestas con Flávio Bolsonaro.

El principal desafío de Lula, sin embargo, supera la polémica de las apuestas. En la primera vuelta se abstuvieron 33,5 millones de brasileños, y los especialistas discrepan sobre cuánto contribuyó esa abstención a su resultado. También deberá disputar el apoyo de quienes votaron por otros candidatos.

La prohibición podría contribuir a movilizar a sectores preocupados por la ludopatía, pero también intensificar el rechazo de quienes consideran que el Gobierno está perjudicando una actividad económica legal y al fútbol profesional. Su incidencia real dependerá de cuánto pese este asunto frente a otras preocupaciones electorales y de si logra modificar decisiones de voto, algo que las encuestas disponibles todavía no permiten establecer.