La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil es una victoria para la democracia; pero una pésima noticia para la economía de Brasil. El triunfo del octogenario mandatario desató una fuerte sacudida en los mercados financieros. Los inversionistas, que habían apostado por una victoria de Flávio Bolsonaro y un cambio de rumbo económico, reaccionaron con ventas masivas de acciones, una depreciación del real y crecientes dudas sobre la capacidad del gobierno para controlar el déficit fiscal y la deuda pública.
El triunfo de Lula, con el 51,79 % de los votos frente al 48,21 % de Bolsonaro, sorprendió a numerosos operadores financieros. Antes de la apertura de Wall Street, el fondo iShares MSCI Brazil (EWZ), que agrupa importantes empresas brasileñas, llegó a desplomarse un 26,74 %, mientras el real perdió más del 10 % en los contratos de futuros negociados en Chicago.
La magnitud del retroceso refleja el brusco cambio de expectativas. Durante las tres semanas posteriores a la primera vuelta, el Ibovespa había ganado casi un 7 %, el real se había fortalecido aproximadamente un 5 % y el EWZ acumulaba una subida superior al 11 %.
Aquellas ganancias respondían, principalmente, a las expectativas de una política fiscal más restrictiva bajo un eventual gobierno de Bolsonaro. La victoria de Lula obligó a los fondos a revertir rápidamente sus apuestas.
Bancos, Petrobras y tecnológicas sufren el castigo bursátil
El sector financiero concentró algunas de las pérdidas más severas. Las acciones de Itaú llegaron a retroceder alrededor del 25 % en las operaciones internacionales iniciales, mientras Bradesco registró caídas cercanas al 30 %.
Nubank tampoco escapó del desplome. Sus títulos perdían un 25,99 % antes de la apertura estadounidense, afectados por las perspectivas de tipos de interés elevados y un posible deterioro del crédito.
Mercado Libre cayó un 13,27 %. La empresa depende considerablemente del mercado brasileño, que representó el 52,6 % de sus ingresos netos e ingresos financieros durante 2025. Una depreciación prolongada del real podría reducir el valor en dólares de esos ingresos.
Petrobras, otra compañía fundamental para la economía de Brasil, sufrió pérdidas cercanas al 22 % en Nueva York. Los inversionistas temen que Lula mantenga una mayor intervención estatal en los precios de los combustibles, las inversiones y la distribución de dividendos.
La reacción también alcanzó a Europa. Santander y Telefónica registraron descensos del 5,4 % y 6,7 %, respectivamente, debido a su exposición a Brasil.
Detrás de las ventas bursátiles aparece como preocupación estructural el deterioro de las finanzas públicas brasileñas.
La deuda alcanzó el 82,9 % del PIB, mientras el déficit fiscal llegó al 9,48 %. Las previsiones apuntan a que el endeudamiento podría cerrar 2026 alrededor del 83 % del producto, más de once puntos porcentuales por encima del nivel registrado al finalizar 2022.
A ello se suma una inflación anual del 4,62 % en octubre y unas tasas de interés que encarecen el financiamiento empresarial y familiar.
El problema para Lula consiste en sostener los programas sociales y el crecimiento económico sin agravar unas cuentas públicas presionadas por el pago de intereses y los gastos obligatorios.
La confianza en la economía de Brasil dependerá del nuevo programa
Brasil conserva fortalezas. Entre 2023 y 2025, su economía creció un promedio anual del 3 % y el desempleo descendió hasta el 5,4 % durante el segundo trimestre de 2026.
Sin embargo, esos resultados no eliminaron las dudas sobre la sostenibilidad fiscal.
El gobierno aspira a conseguir un superávit primario cercano al 1,3 % del PIB hacia 2030, pero los inversionistas reclaman medidas concretas.
La elección del ministro de Hacienda, el presupuesto de 2027 y las reglas de gasto determinarán la respuesta de los mercados. También influirá la relación de Lula con un Congreso de orientación opositora. En este escenario es muy probable que se mantenga la prohibición de los sitios de apuestas.
La caída inicial de los activos refleja una fuerte pérdida de confianza entre los inversionistas, aunque todavía es prematuro determinar si se convertirá en un deterioro económico prolongado. La continuidad de Lula abre así un nuevo período de incertidumbre financiera para la mayor economía latinoamericana.
