La crisis entre Estados Unidos y Venezuela sigue estando en el centro de la atención global. En cuestión de horas, se superpusieron una operación militar extranjera, la captura de un jefe de Estado en ejercicio, una transición política impuesta y una cadena de reacciones internacionales que recuerdan los momentos más tensos de la Guerra Fría en América Latina. Lo ocurrido desde el 3 de enero no solo redefine el tablero venezolano, también plantea un precedente global sobre soberanía, uso de la fuerza y control de recursos estratégicos.
A continuación, un recorrido sobre lo más importante que está sucediendo en Venezuela.
Venezuela «entregará» entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo
En las últimas horas de este 6 de enero, Donald Trump dio un paso más que confirma que el control directo de los ingresos petroleros venezolanos es el verdadero eje del conflicto. El mandatario anunció que el gobierno interino de Caracas entregará a Estados Unidos entre 30 y 50 millones de barriles de crudo, una operación cuya recaudación —según dijo abiertamente— quedará bajo su supervisión personal.
Trump presentó la medida como un mecanismo para garantizar que esos recursos se utilicen “en beneficio del pueblo venezolano y estadounidense”, pero el anuncio refuerza la percepción de que Washington no solo condiciona el rumbo político del país sudamericano, sino también el destino inmediato de su principal activo económico. El petróleo, vendido a precio de mercado y transportado directamente a puertos estadounidenses, pasa así a formar parte de un esquema de administración externa sin precedentes recientes en la región.
El plan fue activado de inmediato. Trump ordenó al secretario de Energía ejecutar la operación sin dilaciones, mientras insistía en que grandes petroleras ya manifestaron su disposición a regresar a Venezuela. Según su narrativa, estas compañías invertirán miles de millones de dólares para reactivar el sistema energético, con la promesa de recuperar esos desembolsos a través de los propios ingresos petroleros.
El lunes 5, el presidente Donald Trump insistió en que su país “no está en guerra con Venezuela”, aunque al mismo tiempo dejó claro que Washington fija las condiciones. En entrevista con la televisora NBC News, aseguró que EE. UU. está “en guerra con los narcotraficantes” y no con el pueblo venezolano. Además, advirtió que una segunda incursión militar sigue “sobre la mesa” si el nuevo gobierno interino no coopera.

Trump confirmó que cerca de 200 efectivos estadounidenses participaron en la operación que terminó con la captura de Nicolás Maduro, reconoció la muerte de unas 80 personas durante el ataque—de ellos 32 cubanos aseguró el gobierno de Díaz-Canel— y habló abiertamente de reconstruir la infraestructura petrolera venezolana con apoyo de grandes compañías energéticas.
En Caracas, Delcy Rodríguez juró como presidenta encargada tras la captura de Maduro. El acto estuvo marcado por un fuerte despliegue de seguridad, restricciones a la prensa y denuncias de detenciones arbitrarias de periodistas. Rodríguez habló de “agresión militar ilegítima” y de soberanía, pero desde Washington se afirma que mantiene comunicación directa y fluida con el secretario de Estado Marco Rubio.
Para amplios sectores del exilio venezolano, la juramentación no representa una ruptura real, sino la continuidad del mismo núcleo de poder. El temor a que el régimen se reconfigure, en lugar de caer, crece tanto dentro como fuera del país.

Boceto de la presentación ante corte en Nueva York de Nicolás Maduro
En paralelo, Maduro y su esposa Cilia Flores comparecieron ante el Tribunal del Distrito Sur de Nueva York. Ambos se declararon no culpables de cargos que incluyen narcoterrorismo y conspiración criminal. Maduro afirmó ante el juez que fue “secuestrado” en Caracas y que sigue siendo el presidente legítimo de Venezuela.
Su defensa, encabezada por Barry Pollack, anticipa una batalla jurídica centrada en la legalidad de la captura y en la inmunidad de un jefe de Estado. La próxima audiencia fue fijada para marzo, mientras la fiscalía estadounidense deja abierta la puerta a ampliar las acusaciones contra otras figuras del chavismo, incluido Diosdado Cabello.
Caracas en tensión por disparos, control y silencio informativo
Horas después de la juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta interina, se reportaron ráfagas de disparos cerca del Palacio de Miraflores. Las autoridades aseguraron que la situación fue controlada, tras derribar un dron comercial y la Casa Blanca negó cualquier implicación. Sin embargo, los vídeos viralizados reforzaron la sensación de fragilidad y de un país gobernado bajo estado de excepción de facto.
El decreto de “Conmoción Exterior” autoriza militarización de infraestructuras, detenciones y limitaciones al derecho a manifestarse.
La respuesta global no se hizo esperar. En el Consejo de Seguridad de la ONU, el secretario general António Guterres alertó sobre la violación del derecho internacional y el riesgo de desestabilización regional. Rusia, China, Brasil, México, Cuba, Turquía y otros países condenaron la operación estadounidense y exigieron respeto a la soberanía venezolana.
Al mismo tiempo, el mercado reaccionó. Buques petroleros desaparecieron de los radares, acciones de grandes compañías energéticas subieron y Trump habló sin rodeos de controlar y reactivar la producción de crudo venezolano.
Lo que ocurre en Venezuela va más allá de un cambio de poder. Marca la normalización de la captura militar de un jefe de Estado extranjero y la administración directa, aunque sea temporal, de un país soberano por una potencia. Para América Latina, la señal es clara y perturbadora.
