Durante casi siete décadas, el combustible en Cuba fue territorio exclusivo del Estado. Importarlo, almacenarlo, distribuirlo y venderlo era parte de un monopolio inamovible. Hasta ahora.

La decisión de autorizar la importación privada de combustible, adoptada a inicios de febrero, es una medida de emergencia en un país que lleva más de un mes sin recibir petroleros y que vio agravarse su crisis energética tras la interrupción del suministro venezolano. Con el endurecimiento de la presión estadounidense y la amenaza de aranceles a terceros países que comercien hidrocarburos con La Habana, el margen de maniobra estatal se redujo al mínimo.

En ese vacío operativo emergen los privados.

El primer paso es conseguir proveedor en un entorno hostil

El proceso comienza fuera de Cuba. Algunos empresarios han gestionado compras en Estados Unidos bajo licencias BIS vinculadas a la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). Es un canal legal restringido, pero viable para determinados insumos, incluido combustible.

Otros exploran mercados en el Caribe e incluso en Europa. El problema no es solo encontrar diésel o GLP disponibles. El verdadero reto es convencer a proveedores de asumir el riesgo político de venderle a un país que enfrenta sanciones y advertencias directas de Washington.

Quien suministra combustible hoy a un privado cubano no solo firma un contrato comercial. También asume un cálculo geopolítico.

El segundo filtro es la importadora estatal. Aunque la autorización permite la importación privada, el procedimiento no es completamente autónomo. La operación se realiza a través de una importadora estatal, como ocurre con otros bienes.

Esto implica presentar contratos, gestionar pagos en el exterior y coordinar la logística marítima bajo supervisión institucional. Varios empresarios reconocen que las reglas no están del todo claras y que las propias entidades estatales no siempre pueden detallar cada paso con precisión.

La medida es nueva. La arquitectura regulatoria aún se está improvisando sobre la marcha.

Logística física de combustibles en Cuba, entre isotanque, buque y certificación

El combustible no llega en grandes tanqueros dedicados, como ocurre con las compras estatales tradicionales. Las importaciones privadas se están realizando en tanques de acero inoxidable estandarizados —isotanques— que viajan dentro de buques cargueros.

Un empresario ya ha adquirido un isotanque con capacidad para alrededor de 25.000 litros de diésel. Es una escala modesta frente a las necesidades nacionales, pero significativa para una empresa individual.

El esquema es similar al de cualquier otra importación. El contenedor se embarca, se transporta y se descarga en puerto cubano. La diferencia está en la naturaleza del producto. El combustible exige protocolos adicionales de seguridad, tanto en el traslado como en el almacenamiento.

El Estado no ha establecido límites explícitos de volumen, pero sí exige controles estrictos de seguridad. Las empresas deben demostrar que cuentan con espacios certificados para almacenar material peligroso o, en su defecto, utilizar instalaciones estatales acondicionadas.

Esto introduce un nuevo cuello de botella. No todas las pequeñas y medianas empresas disponen de infraestructura adecuada. Adaptar depósitos, cumplir estándares técnicos y obtener certificaciones implica inversión y tiempo.

En la práctica, solo un grupo reducido —probablemente alrededor de un centenar de empresas— tendría capacidad real para asumir estos requisitos logísticos y financieros.

Autoconsumo, no mercado paralelo

Hay una restricción clave: el combustible importado es exclusivamente para autoconsumo. Está prohibida la reventa.

Esto define el alcance del modelo. No se trata de crear un mercado mayorista privado ni de sustituir la red estatal de distribución. El objetivo es permitir que determinadas empresas garanticen su propia operatividad de transporte de mercancías, generación eléctrica interna, maquinaria agrícola o procesos industriales.

En un país donde el diésel impacta directamente la generación eléctrica, el transporte, la agricultura y el sector hidráulico, y donde el GLP es esencial para la cocción de alimentos, asegurar suministro propio puede significar la supervivencia del negocio.

En 2025 existían unas 9.700 empresas privadas en Cuba, responsables del 15% del PIB y de más del 30% del empleo. Ese sector superó por primera vez en ventas minoristas al Estado.

Sin embargo, la capacidad de importar combustible no está distribuida de manera homogénea. Muchas empresas carecen de acceso a pagos internacionales, experiencia logística o redes comerciales en el exterior.

La medida, por tanto, no resuelve la crisis energética nacional. Funciona como válvula de escape selectiva.

En un contexto donde el país ha perdido alrededor del 15% de su PIB en cinco años y más del 20% de su población, cada litro cuenta. Pero también cada dólar, cada licencia y cada permiso de almacenamiento.

Por ahora, el modelo avanza entre contenedores, certificados y cálculos de riesgo. No es una solución estructural. Es una maniobra empresarial en terreno incierto que no se sabe si perdurará en el tiempo.