Una factura inesperada, un comprobante de pago o un aviso de deuda enviado por alguien conocido puede parecer una comunicación rutinaria. Esa normalidad es precisamente la principal arma de una nueva campaña de malware detectada por Kaspersky en América Latina, que utiliza cuentas comprometidas de WhatsApp para intentar tomar el control remoto de computadoras.

La amenaza introduce un cambio relevante en las estrategias del cibercrimen. Los atacantes ya no dependen exclusivamente del correo electrónico, de enlaces sospechosos o de mensajes enviados por desconocidos. Ahora buscan infiltrarse en conversaciones habituales y aprovechar la confianza existente entre familiares, colegas, clientes o proveedores. El resultado es una estafa mucho más difícil de detectar a simple vista.

Así comienza la estafa por WhatsApp

La operación, identificada en junio, por el Equipo Global de Investigación y Análisis de Kaspersky, utiliza cuentas previamente comprometidas para distribuir archivos maliciosos mediante WhatsApp Web y WhatsApp Desktop.

El señuelo está diseñado para parecer cotidiano. Los documentos pueden presentarse como facturas, extractos bancarios, comprobantes de pago o avisos relacionados con deudas. En un entorno empresarial, donde este tipo de archivos circula constantemente, la víctima puede abrirlos sin sospechar que está iniciando una cadena de infección.

Ese componente psicológico resulta esencial. Un archivo recibido desde una cuenta conocida despierta menos sospechas que uno enviado desde un número desconocido.

El ataque demuestra así cómo la ingeniería social está evolucionando. El objetivo ya no es únicamente fabricar mensajes convincentes, sino introducirlos dentro de relaciones digitales que la víctima considera legítimas.

Los archivos detectados utilizan VBScript, un formato capaz de ejecutar instrucciones directamente en sistemas Windows.

Una vez abierto el documento, el código crea un directorio de trabajo en la carpeta pública de documentos y comienza a descargar otros componentes desde infraestructura controlada externamente. La cadena continúa mediante Windows Script Host hasta instalar un software de supervisión y administración remota.

Estas herramientas no son necesariamente maliciosas por sí mismas. Muchas se utilizan de forma legítima por departamentos de soporte técnico para administrar computadoras a distancia. El problema aparece cuando los ciberdelincuentes consiguen instalarlas sin autorización.

A partir de ahí pueden obtener control remoto del dispositivo, ejecutar otras acciones y potencialmente desplazarse hacia otros equipos conectados a la misma red.

Por eso la amenaza no termina en la computadora de la persona que abrió el archivo. En una empresa, una sola infección puede convertirse en la puerta de entrada hacia información corporativa o hacia nuevos sistemas.

Una estafa por WhatsApp diseñada para parecer legítima

Kaspersky detectó archivos preparados en varios idiomas, entre ellos inglés, portugués, francés, alemán y malayo, una señal de que la estrategia busca adaptarse a diferentes mercados.

Algunas muestras también incorporan metadatos y comentarios que intentan hacerse pasar por componentes relacionados con Microsoft Windows Update. El objetivo es reducir las posibilidades de detección y aumentar la apariencia de legitimidad.

Este tipo de camuflaje vuelve especialmente importante revisar no solo quién envía un documento, sino también qué tipo de archivo se está intentando ejecutar.

La primera regla es no confiar automáticamente en un adjunto porque llegue desde un contacto conocido. Si una factura o comprobante resulta inesperado, conviene confirmar su autenticidad mediante otra vía antes de abrirlo.

También deben evitarse archivos con extensiones como .vbs, .vbe, .exe, .bat, .cmd, .js o .ps1 cuando no exista una razón clara para recibirlos.

Las organizaciones necesitan además soluciones de seguridad capaces de detectar software malicioso y políticas internas que enseñen a reconocer este tipo de engaños.

La nueva estafa por WhatsApp muestra que, en ciberseguridad, la confianza también puede convertirse en una vulnerabilidad. WhatsApp ya no debe verse únicamente como una aplicación para conversar. Cuando se utiliza desde una computadora, también puede convertirse en un canal para introducir malware directamente en el entorno de trabajo.