La etapa en la que endeudarse resultaba barato, los gobiernos podían ampliar sus déficits sin grandes consecuencias inmediatas y el dinero perdía poco valor parece haber quedado atrás. Deutsche Bank advierte de un cambio estructural, en el que las economías desarrolladas se enfrentan a una combinación más persistente de escasez, inflación y tipos de interés elevados. Para quienes tienen patrimonio, inversiones o negocios, el nuevo escenario obliga a revisar decisiones que funcionaron durante años.

Después de la crisis financiera de 2008 ocurrió prácticamente lo contrario. Familias y empresas ahorraban más, la inversión privada era débil y sobraba liquidez. Los tipos llegaron incluso a terreno negativo en parte de Europa. Los Estados podían endeudarse a costes extraordinariamente bajos y muchos inversores aceptaban rendimientos mínimos porque existían pocas alternativas atractivas.

La pandemia quebró ese equilibrio. Los gobiernos aumentaron el gasto mientras la capacidad productiva se reducía. Después llegaron nuevos problemas de oferta, con la guerra en Ucrania, la reorganización de cadenas comerciales derivada de los aranceles estadounidenses y, más recientemente, las alteraciones energéticas provocadas por el conflicto con Irán y el cierre del estrecho de Ormuz.

El dinero vuelve a tener precio

En este contexto, proteger patrimonio requiere asumir que la inflación puede mantenerse por encima de los niveles a los que se acostumbraron ahorradores e inversores durante la década anterior. Mantener grandes cantidades de dinero sin remuneración implica aceptar una pérdida progresiva de poder adquisitivo.

Pero proteger patrimonio en esta nueva etapa va más allá de escoger una inversión. También exige ordenar jurídicamente los activos, identificar riesgos y planificar qué ocurre con ellos ante problemas empresariales, familiares o sucesorios. Servicios especializados como Blindax Legal, del bufete jurídico Caporaso & Partners trabajan precisamente en protección patrimonial, estructuración de activos y planificación internacional, con soluciones orientadas a preservar y organizar el patrimonio frente a distintas contingencias.

Otro cambio procede de la inteligencia artificial. Las grandes inversiones en centros de datos, chips, memoria y generación eléctrica necesitan enormes cantidades de financiación. Esa demanda compite con empresas, gobiernos e inversores por un capital que ahora cuesta más.

A ello se suma el endeudamiento público. Cuando los Estados absorben grandes cantidades de recursos financieros, aumenta el coste de financiación y determinados proyectos privados dejan de resultar viables. Para quien administra patrimonio, este proceso puede modificar tanto la rentabilidad de la renta fija como las valoraciones de empresas muy dependientes del crédito.

El riesgo de seguir pensando como una década atrás

La comparación con los años setenta ocupa un lugar central en la advertencia. Entonces, sucesivos shocks petroleros terminaron alimentando una inflación persistente. La respuesta monetaria inicial resultó demasiado expansiva y posteriormente fueron necesarias fuertes subidas de tipos para recuperar credibilidad y contener las expectativas inflacionarias.

Ese antecedente deja una señal para los patrimonios actuales, porque las estrategias construidas sobre tipos permanentemente bajos pueden quedar desfasadas durante años. La liquidez debe tener una función definida, la deuda merece una revisión más cuidadosa y las inversiones necesitan evaluarse considerando un coste del dinero estructuralmente superior.

Si Deutsche Bank acierta en su diagnóstico, proteger patrimonio durante los próximos años dependerá tanto de obtener rentabilidad como de evitar que inflación, endeudamiento, riesgos jurídicos y decisiones mal estructuradas erosionen lo acumulado.