El empresario Chen Zhi llegó a controlar indirectamente el 28,55% de Habanos S.A., una participación extraordinaria en la compañía que comercializa internacionalmente Cohiba, Montecristo, Partagás y Romeo y Julieta. Hoy está detenido en China, enfrenta un cargo que podría llevarlo incluso a la pena de muerte y su entramado empresarial está sometido a sanciones, liquidaciones y litigios en varias jurisdicciones. Para el negocio cubano del tabaco, el problema ya no es solamente quién es uno de sus principales inversionistas privados, sino qué ocurrirá con una participación accionarial de enorme valor.
Chen se encuentra bajo custodia china desde enero de este año, después de ser arrestado en Camboya y entregado a las autoridades de su país de origen. El 6 de julio fue acusado formalmente de lesiones intencionadas cometidas con medios crueles, un delito castigado con penas que pueden ir desde diez años de prisión hasta cadena perpetua o muerte. También enfrenta un cargo por presunta vulneración de derechos de autor. Pero la dimensión empresarial del caso se extiende mucho más allá de China.
Cómo Chen entró al negocio de Habanos
La conexión se remonta a una de las mayores operaciones de la historia reciente de la industria del puro.
En 2020, Chen integró un grupo de tres inversionistas que desembolsó 1.400 millones de dólares para comprar a Imperial Brands, su negocio de cigarros artesanales. El paquete incluía Tabacalera USA —propietaria de Altadis U.S.A. y JR Cigar— y la participación del 50% que la multinacional británica poseía en Habanos S.A.
La otra mitad permaneció bajo control de Cubatabaco, perteneciente al Estado cubano.
Posteriormente se conoció que Chen controlaba, mediante diferentes sociedades, el 57,1% de la principal compañía holding de la parte privada vinculada a Habanos. El resultado era una participación efectiva del 28,55% en la comercializadora cubana.
No era, por tanto, un inversionista marginal. El empresario había conseguido una posición decisiva dentro de la estructura privada relacionada con una compañía que maneja algunas de las marcas de tabaco prémium más reconocidas del planeta.
Los problemas de Chen adquirieron otra dimensión cuando Estados Unidos lo acusó en 2025 de encabezar una organización criminal dedicada, entre otras actividades, a estafas internacionales con criptomonedas.
La Fiscalía del Distrito Este de Nueva York sostiene que la organización utilizaba esquemas conocidos como pig butchering, mediante los cuales las víctimas son conducidas progresivamente hacia inversiones fraudulentas. Según las autoridades estadounidenses, estas operaciones llegaron a generar hasta 30 millones de dólares.
El Departamento de Justicia confiscó 127.271 bitcoins relacionados con Chen, valorados entonces en unos 14.700 millones de dólares. Fue presentada como la mayor incautación de activos digitales realizada por esa institución.
Después llegó un elemento especialmente relevante para comprender el riesgo empresarial que rodea ahora a Habanos, ya que Washington colocó a cientos de compañías relacionadas con Chen bajo sanciones. Y las consecuencias alcanzaron al negocio del tabaco.
Las sanciones ya paralizaron operaciones de Tabacalera
Durante más de seis meses, Tabacalera USA no pudo realizar pedidos a Tabacalera de García y Flor de Copán, fábricas vinculadas empresarialmente con Chen que tradicionalmente habían abastecido a Altadis U.S.A. y JR Cigar.
Los envíos no se reanudaron hasta mayo de este año, cuando los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido concedieron licencias especiales.
El episodio mostró que el problema alrededor de Chen no se limita a expedientes judiciales. Las sanciones sobre sociedades conectadas con un accionista pueden terminar afectando operaciones comerciales perfectamente legales.
Hasta ahora no existe ninguna acusación contra Habanos S.A., Tabacalera SLU o las autoridades cubanas. Tampoco las compañías tabacaleras relacionadas con el caso han sido acusadas de participar en las presuntas actividades criminales atribuidas al empresario. El riesgo para Habanos es esencialmente empresarial.
Tabacalera SLU ya inició una reestructuración para excluir a Chen de su estructura. Resolverla, sin embargo, está resultando complejo.
El Tribunal Supremo del Caribe Oriental supervisa la liquidación de varias sociedades de Chen registradas en las Islas Vírgenes Británicas y designó a Interpath para administrar el proceso. Al mismo tiempo, existen procedimientos judiciales en distintas jurisdicciones que dificultan reorganizar los activos.
Detrás de esa batalla está el futuro de una participación equivalente al 28,55% de Habanos.
La incertidumbre llega cuando el negocio del puro cubano ha experimentado fuertes incrementos de precios, escasez de algunas referencias prémium y un desplazamiento cada vez mayor de la demanda hacia Asia. China, precisamente, ha ganado peso como mercado para los Habanos.
Nada indica que el caso pueda afectar la fabricación cubana. Cohiba, Montecristo o Partagás continuarán produciéndose en Cuba porque la denominación de origen protege precisamente ese vínculo entre territorio, tabaco y elaboración.
La incógnita está en quién terminará controlando una parte sustancial de la empresa encargada de vender esas marcas al mundo.
