Millones de niños, en Europa, han sido obligados a retornar a clases, aunque la pandemia no está controlada en sus países. Los políticos defienden esta decisión; pero los padres y profesores están muy preocupados, porque creen que ha sido apresurada. ¿Llevarías a tu hijo a la escuela?

Después de más de seis meses con las escuelas cerradas, por la expansión de la pandemia de la COVID-19, millones de estudiantes en Bélgica, Gran Bretaña, Francia e Italia volvieron a las aulas, bajo estrictos protocolos de seguridad. No obstante, muchos países se preguntan si vale la pena volver a las aulas, porque el retorno a clases presenciales ha despertado muchos temores en los padres y también en profesores. ¿Vale la pena, en el escenario actual, exponer a los niños a un posible contagio y volver a las aulas?

Los niños que retornaron a sus escuelas se encontraron con que todo ha cambiado. Los grupos ahora son más reducidos, como sucede en Grecia y Bosnia, para así supuestamente garantizar el distanciamiento social; la mascarilla es obligatoria, tanto para profesores como para alumnos mayores de 11 años en Francia; mientras, las salidas a los recreos ahora son por turnos, para evitar grandes concentraciones de niños en los patios.

En el Reino Unido, el gobierno del Primer Ministro Boris Johnson considera que los beneficios del regreso a clases son mayores que los potenciales riesgos. Esta opinión también es compartida en Bélgica, donde la Primera Ministra, Sophie Wilmès, aseguró que era fundamental la reanudación de la vida escolar, incluso cuando su país muestra uno de los índices más altos de letalidad por coronavirus en el mundo.

UNICEF afirma que la inactividad escolar afectaría la economía futura

Organizaciones de Naciones Unidas, como la UNICEF, apoyaron el retorno a clases presenciales, en lugar de las clases online, ya que, debido a la brecha tecnológica existente, millones de niños no tienen acceso a las tecnologías de la información y la comunicación. Para ellos, las clases en línea no son una opción y, por ende, en la cuarentena no pudieron recibir nuevos conocimientos. La UNICEF teme que las repercusiones de este atraso escolar puedan notarse en la economía y la sociedad por varias décadas.

Los gobiernos se han amparado en diferentes estudios que aseguran que los niños son menos propensos a enfermar de gravedad por COVID-19. Una investigación recientemente publicada en la prestigiosa British Medical Journal mostró que son muy pocos los niños que necesitan tratamiento en los hospitales por coronavirus. Para arribar a esa conclusión estudiaron a más de 600 niños del Reino Unido y solo el 1% murió en el hospital por coronavirus.

A pesar del optimismo de los gobiernos europeos, no pocos padres y profesores han mostrado su preocupación ante un posible aumento de casos por contagios en las escuelas; aunque los políticos parecen decididos a continuar adelante con sus planes. Israel es un ejemplo de cuán peligroso puede ser el retorno apresurado. En mayo, el gobierno israelí abrió las escuelas. En solo unos días crecieron las infecciones en los centros docentes y, de ahí, pasaron a la casas de los alumnos. Cientos de profesores, familiares y estudiantes terminaron infectados.

Para Eli Waxman, del Instituto Weizmann de Ciencia de Israel, el principal consejo que podía compartir con el mundo era que no repitieran el error de su país, porque su experimento había sido un fracaso.

Trump abpga para volver a las aulas

Del otro lado del Atlántico, el posible regreso a las aulas se ha colado en la carrera presidencial en Estados Unidos. La Administración Trump aboga por una rápida reapertura de las escuelas; mientras su rival en las elecciones de noviembre, el demócrata Joe Biden, ha asegurado que la Casa Blanca no tiene un plan confiable para garantizar el retorno seguro a las aulas.

Al analizar cómo se ha vivido la experiencia en varias partes del mundo, ¿no parece apresurado obligar a los niños a volver a las escuelas? ¿No será una decisión económica que terminarán pagando los padres de aquellos que resulten infectados? Cierto, los niños sufren menos los efectos del virus, pero pueden contagiar a su familia y, si en casa, alguien tiene una enfermedad prexistente, entonces, ese niño, inocente, que fue forzado a asistir a las aulas, podría convertirse en el culpable de una desgracia familiar.