La naviera danesa Maersk, a través de su filial APM Terminals, anunció la adquisición de la Compañía de Ferrocarriles del Canal de Panamá (PCRC). Este ferrocarril, que conecta los océanos Atlántico y Pacífico a lo largo de 76 kilómetros paralelos al Canal de Panamá, representa una pieza clave en la infraestructura logística de la región, y su compra subraya las ambiciones de Maersk de integrar aún más sus operaciones en uno de los corredores comerciales más importantes del mundo.
Un paso estratégico para Maersk
La adquisición de PCRC no es un simple capricho corporativo, sino una jugada calculada que alinea perfectamente con la visión de Maersk de optimizar el movimiento intermodal de contenedores.
Keith Svendsen, CEO de APM Terminals, describió la operación como «una atractiva inversión en infraestructura que se alinea con nuestros servicios centrales». Fundada originalmente como una empresa conjunta entre Canadian Pacific Kansas City (CPKC) y Lanco Group, la PCRC generó en 2024 ingresos por 77 millones de dólares y un beneficio operativo (EBITDA) de 36 millones, cifras que reflejan su valor económico y su potencial de crecimiento.
El ferrocarril, que opera bajo una concesión renovada por 25 años, no solo transporta carga entre las terminales de Balboa (Pacífico) y Colón (Atlántico), sino que también ofrece servicios de pasajeros. Sin embargo, su verdadera relevancia radica en su capacidad para mover hasta 500,000 contenedores anuales, con planes de expansión que podrían elevar esta cifra a 2 millones de TEU (unidades equivalentes a veinte pies) en el futuro.
Para Maersk, que ya maneja cerca del 35% de las importaciones y exportaciones de Panamá, esta compra significa un control más directo sobre la cadena de suministro en un nodo logístico crítico.
El contexto geopolítico y comercial
La transacción llega en un momento de alta tensión geopolítica en torno al Canal de Panamá, que mueve el 5% del comercio marítimo mundial. Las constantes amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de «recuperar» el canal, basadas en afirmaciones infundadas de una supuesta influencia china, han puesto a Panamá en el centro de una narrativa internacional compleja.
Aunque el canal sigue bajo control soberano panameño, la venta de PCRC a Maersk, una empresa europea, podría interpretarse como un contrapeso a las presiones de Washington, al tiempo que refuerza la posición de Panamá como un centro neutral y estratégico para el comercio global.
Por otro lado, la operación coincide con otros movimientos en la región. En marzo de este año, la empresa hongkonesa Hutchinson anunció la venta de su participación en dos puertos clave del canal a un fondo estadounidense, una decisión que China está revisando bajo su legislación antimonopolio. En este contexto, la entrada de Maersk al sector ferroviario panameño parece ser una apuesta por diversificar y asegurar su influencia en la logística regional, más allá de los vaivenes políticos.
Impacto en Panamá y el comercio global de la llegada de Maersk
Para Panamá, la llegada de Maersk como operador del ferrocarril podría traducirse en una modernización de su infraestructura logística. APM Terminals ha expresado su intención de evaluar «el potencial para futuros desarrollos» que mejoren la conectividad y la eficiencia del sistema. Esto es especialmente relevante en un momento en que el Canal de Panamá enfrenta desafíos como la sequía, que ha limitado el tránsito de buques, obligando a empresas como Maersk a buscar alternativas como el ferrocarril para mantener sus operaciones fluidas.
Además, la presencia de un gigante como Maersk podría atraer más inversión extranjera y consolidar la reputación de Panamá como un hub logístico de primer nivel. La reunión en enero entre el presidente panameño José Raúl Mulino y Vincent Clerc, CEO de A.P. Moller – Maersk, ya había sentado las bases para una colaboración enfocada en sostenibilidad y competitividad comercial, objetivos que esta adquisición parece acelerar.
A nivel global, la compra de PCRC refuerza la capacidad de Maersk para ofrecer soluciones integradas de transporte, combinando su dominio marítimo con una mayor presencia terrestre. En un mundo donde las cadenas de suministro enfrentan interrupciones constantes —desde conflictos en el Mar Rojo hasta restricciones climáticas en Panamá—, controlar un activo como el ferrocarril del Canal de Panamá le da a Maersk una ventaja competitiva para garantizar la continuidad del comercio entre Asia, América y Europa.