En 2025, los contenedores en Panamá alcanzaron una cifra que reconfigura la lectura económica del país como plataforma logística. Más de 9,9 millones de TEUs (unidad equivalente a un contenedor de 20 pies) movilizados son un récord estadístico que confirma que el sistema portuario panameño opera ya en una liga estructuralmente distinta.
Contenedores en Panamá, el trasbordo como motor real del sistema
El dato central del año no está en la carga local, sino en el trasbordo. Casi el 90 % de los contenedores en Panamá correspondieron a operaciones de redistribución internacional. Más de 8,8 millones de TEUs pasaron por los puertos sin tocar el mercado interno, reafirmando el rol del país como nodo de conexión entre rutas oceánicas.
Este patrón no es casual. En un entorno global donde las navieras reducen riesgos y optimizan escalas, los hubs capaces de concentrar y redistribuir carga ganan peso estratégico. Panamá sigue cumpliendo ese rol gracias a su conectividad portuaria, la operación del Canal de Panamá y la capacidad de absorber flujos incluso cuando el comercio se enfría.
La carga local —importaciones y exportaciones— superó el millón de TEUs, con crecimiento más contenido. Es un volumen relevante, pero claramente secundario frente al trasbordo. La lectura económica es que el valor del sistema no depende de la demanda interna, sino de su función como infraestructura crítica para cadenas de suministro regionales y globales.
Quién gana y quién pierde en el mapa de contenedores en Panamá
El desempeño por terminal dejó ver una competencia desigual. Manzanillo International Terminal volvió a liderar el movimiento de contenedores en Panamá, consolidándose como el principal punto de concentración del sistema. Balboa, en el Pacífico, mantuvo su peso estratégico, aunque con una expansión más moderada, coherente con un mercado más cauteloso.
En el Caribe, el dinamismo fue mayor. Colón Container Terminal y Cristóbal registraron crecimientos cercanos o superiores al 10 %, confirmando que el Atlántico sigue siendo clave en la redistribución regional. Esta asimetría refuerza que la fortaleza del sistema panameño está en su doble litoral y en la capacidad de las navieras de reorganizar flujos entre océanos sin salir del mismo país.
No todos los puertos acompañaron la tendencia. PSA Panama International Terminal mostró una leve contracción, mientras que Bocas Fruit sufrió un desplome de más del 50 %. En este último caso, la explicación fue por conflictos laborales y suspensión de exportaciones bananeras. El episodio revela que cuando la operación depende de una sola cadena productiva, el impacto de factores sociales o empresariales se amplifica de forma inmediata.
Más contenedores no garantizan más competitividad
El récord de contenedores en Panamá no elimina los desafíos. El crecimiento del 3,6 % contrasta con el salto de más del 15 % registrado un año antes. No es una señal de debilidad, pero sí de madurez. A partir de cierto umbral, crecer más exige algo más que ubicación geográfica.
El propio sector marítimo advierte sobre limitaciones estructurales, desde espacio físico, capacidad instalada, eficiencia operativa hasta digitalización de procesos. A esto se suma la necesidad de reducir trámites y burocracia en un entorno donde cada hora de retraso tiene impacto económico.
Un dato revelador fue el aumento del reposicionamiento de contenedores vacíos. Panamá no solo mueve carga llena; también redistribuye equipos, una función cada vez más valiosa en cadenas de suministro tensionadas. Esa capacidad refuerza su papel como hub, pero también exige inversiones constantes.
El año pasado confirmó que los contenedores en Panamá siguen siendo un activo estratégico del país. El desafío ya no es batir récords puntuales, sino sostener la competitividad en un sistema que opera al límite de su capacidad y en un mundo donde las rutas, los costos y las decisiones logísticas cambian con rapidez. El volumen está ahí. La pregunta es cómo convertirlo en ventaja duradera.
