El exilio de Juan Carlos I ha dejado en crisis a la monarquía española. Su hijo, el rey Felipe VI, cortó relaciones con su padre, pero el escándalo ya estalló y puede tener desenlaces impredecibles.

Juan Carlos I fue Jefe del Estado español por casi cuatro décadas; vio pasar a siete presidentes de Gobierno y se le atribuye un rol fundamental en el regreso de la democracia a su país, tras los años de terror de la dictadura de Francisco Franco. El mismo rey que contribuyó a salvar su reinado, ahora lo está hundiendo en el descrédito, por los sucios manejos de sus influencias. ¿Podría terminar en un juicio? Difícilmente, pero, de cualquier forma, su legado ha quedado totalmente manchado.

En noviembre de 1975, dos días después de la muerte del dictador Franco, Juan Carlos I fue coronado rey, en lo que constituyó la restauración de la monarquía española. Luego, en 1977, impulsó varias reformas políticas que allanaron el camino para que España tuviera su primera elección en democracia después de la Guerra Civil. Gracias a esto fue venerado por no pocos españoles. Poco o nada queda de ese sentimiento y el principal culpable es él mismo.

Los escándalos Reales

Los escándalos en su familia comenzaron con el caso Noos, en el que cayó su yerno Iñaki Urdangarín quien sigue en presión. Su hija, la infanta Cristina, se vio involucrada, aunque, finalmente, quedó absuelta; pero esto dañó mucho la imagen de la familia real. Luego vino el viaje a Botsuana, en 2012. En esa travesía tuvo una caída que le ocasionó la fractura en la cadera y lo obligó a pasar por el quirófano.

Meses más tarde se difundieron imágenes de ese viaje, en las que apareció Juan Carlos I junto a un elefante muerto, al que presuntamente había disparado. Esto levantó una enorme ola de críticas, por un detalle “curioso”: el rey español era presidente honorario del Fondo Mundial para la Naturaleza. Tras esas fotos no le quedó otra alternativa que renunciar a ese puesto.

No obstante, ninguno de esos escándalos es comparado con el que lo ha llevado al exilio. Juan Carlos I está acusado de fraude fiscal y blanqueo de capitales, por aceptar y no declarar a la Hacienda española un pago de 100 millones de dólares que recibió de su buen amigo, el rey Abdullah de Arabia Saudita. El antiguo monarca del país petrolero recompensó de esa forma los “esfuerzos” de Juan Carlos I para adjudicar el contrato de construcción de la vía ferroviaria para un tren rápido entre La Meca y Medina a un consorcio donde predominaban empresas españolas.

La novela Real tiene también tinta rosa

Para completar el desastre familiar, resulta que las acusaciones contra el Rey Emérito se basan en audios secretos de su amante, la danesa Corinna Larsen. Por tanto, eso destruye también la idílica imagen que se habían hecho los españoles del matrimonio entre Juan Carlos I y la reina Sofía de Grecia. Ante la magnitud del escándalo, Felipe VI decidió que lo más conveniente para mantener la monarquía era cortar relaciones con su padre. Entonces renunció a la parte (cuantiosa) que le correspondía de la fortuna y, además, le quitó la ayuda económica de más de 200 000 dólares anuales que recibía el Rey Emérito del presupuesto español.

Los fiscales del Tribunal Supremo español intensificaron la investigación sobre el Rey Emérito y este optó por partir, en secreto, hacia el exilio. Le dirigió una carta a su hijo, en la que le explicaba que partía para no causarle más problemas en su reinado. Sus abogados dicen que Juan Carlos I retornaría a España si fuera citado por la Justicia, lo cual parece difícil, no porque sea inocente, sino porque solo podrían juzgarlo por las acciones que cometió después de junio de 2014, cuando abdicó su corona. Todo los “pecadillos” que cometió antes de esa fecha no pueden ser tenidos en cuenta, porque lo amparaba la inmunidad constitucional por ser Jefe de Estado. La vida de Juan Carlos I en algún momento pareció como un cuento de hadas; pero, esta vez, la historia no terminará como el clásico “y vivieron felices para siempre”.