Petróleos Mexicanos (Pemex) busca entrar en el mercado de combustible para aviones con una biorrefinería en Veracruz. El proyecto, que contempla producir 5.000 barriles diarios a partir de caña de azúcar, abre una posibilidad de diversificación para la petrolera estatal, aunque también plantea interrogantes sobre su capacidad financiera para desarrollar nuevas inversiones.

La iniciativa llega en un momento complejo. Pemex acumula una deuda financiera de 77.500 millones de dólares, su producción petrolera ronda los 1,6 millones de barriles diarios y mantiene retrasos en proyectos de refinación. Bajo estas condiciones, cualquier nueva instalación industrial tendrá que demostrar que puede generar ingresos suficientes para justificar su construcción.

El proyecto se encuentra en una etapa preliminar. La empresa inició un estudio de factibilidad técnica, cuyos resultados se esperan para febrero de 2027. Una entidad bancaria externa financia esa evaluación, aunque Pemex todavía no ha revelado su identidad ni el costo estimado de la futura instalación.

Veracruz, una apuesta industrial con ventajas económicas

La biorrefinería estaría ubicada en el complejo petroquímico de Pajaritos, en Veracruz, una región que, según los datos presentados por Pemex, concentra alrededor del 80 % de la producción mexicana de caña de azúcar.

Esta localización podría representar una ventaja competitiva. La cercanía de los cultivos a las instalaciones industriales permitiría reducir los costos de transporte y facilitar el abastecimiento de materia prima.

Sin embargo, disponer de caña de azúcar no garantiza la rentabilidad del negocio. La industria azucarera y los productores de etanol utilizan el mismo recurso, por lo que un aumento de la demanda podría elevar los precios y reducir los márgenes de beneficio.

La inversión también exigiría desarrollar una cadena de suministro capaz de garantizar entregas regulares, procesamiento industrial y certificaciones ambientales.

Para las empresas agrícolas, transportistas y proveedores tecnológicos de Veracruz, el proyecto podría abrir nuevas oportunidades comerciales. Su alcance dependerá del volumen de inversión finalmente aprobado.

Combustible para aviones, un mercado mundial en expansión

El atractivo económico del combustible sostenible de aviación, conocido como SAF, está relacionado con el crecimiento previsto de su demanda.

Según proyecciones de ResearchAndMarkets, el mercado mundial podría pasar de 4.860 millones de dólares en 2026 a 31.450 millones en 2031, con una expansión anual compuesta del 45,3 %.

Las regulaciones internacionales están impulsando este crecimiento. La Unión Europea exige incorporar progresivamente combustibles sostenibles a la aviación, con objetivos del 6 % para 2030, el 20 % para 2035 y el 70 % para 2050.

Sin embargo, el mercado todavía es reducido. En 2024, el SAF representó apenas el 0,6 % del combustible suministrado en aeropuertos europeos.

Además, su precio puede alcanzar cinco veces el del combustible convencional, según las advertencias de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). Esta diferencia constituye uno de los principales obstáculos para su expansión comercial.

Para Pemex, ingresar en este mercado supone competir con productores internacionales que ya cuentan con instalaciones y contratos de suministro.

Neste, uno de los principales fabricantes mundiales de combustibles renovables, dispone de una capacidad anual de 1,5 millones de toneladas de SAF y proyecta elevarla a 2,2 millones en 2027.

El principal desafío de la petrolera mexicana será conseguir financiamiento sin agravar su situación financiera y desarrollar una instalación capaz de competir en costos.

Hasta entonces, la biorrefinería de Veracruz seguirá siendo una posibilidad de negocio. Su concreción dependerá de que Pemex consiga transformar el potencial agrícola de la región en una operación industrial económicamente sostenible.