La tensión entre Estados Unidos e Irán ha entrado en una fase más peligrosa. Tras expirar la tregua de 60 días entre ambos países, Washington descartó prolongarla y Teherán comenzó a dejar trascender que, si Donald Trump reactiva los ataques contra territorio iraní, su respuesta podría salir de Oriente Medio y alcanzar instalaciones militares estadounidenses en Europa. Las primeras filtraciones apuntan a Bulgaria y Chipre. Pero analistas señalan que atacar a Italia, por el peso de las bases estadounidenses y de la OTAN instaladas en su territorio, podría convertirse en un escenario mucho más delicado.

Bulgaria y Chipre, las primeras advertencias

La información atribuida a fuentes próximas al Gobierno iraní señala que Teherán ha estudiado posibles ataques contra instalaciones estadounidenses en Bulgaria y Chipre.

Bulgaria autorizó recientemente el uso de la base aérea de Bezmer para apoyar operaciones estadounidenses en Oriente Medio. El despliegue incluye aviones cisterna KC-135, personal militar y equipos de apoyo. Sofía insiste en que la base cumple únicamente funciones logísticas, pero esa diferencia podría ser irrelevante para Teherán.

Desde la perspectiva iraní, una instalación que facilita combustible, transporte o apoyo operacional a fuerzas que participan en ataques puede ser considerada parte de la estructura militar enemiga.

Chipre supone un precedente todavía más serio. Una base británica ubicada en la isla ya habría sido alcanzada por un dron iraní durante el conflicto. Por tanto, la posibilidad de que Teherán actúe contra instalaciones occidentales fuera de Oriente Medio no pertenece únicamente al terreno de la retórica.

¿Por qué Italia?

Italia presenta un problema distinto por la magnitud de la infraestructura estadounidense existente en su territorio.

Aviano constituye uno de los principales centros de la aviación de Estados Unidos en Europa. Sigonella es una pieza esencial para operaciones de vigilancia, logística y despliegue hacia Oriente Medio y el norte de África. Camp Darby funciona como un importante depósito de municiones, mientras Ghedi, Vicenza, Nápoles, Gaeta y Niscemi completan una red de enorme valor militar.

El episodio más comprometedor para Roma ocurrió cuando el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, afirmó que centenares de aviones estadounidenses habían despegado desde bases en Italia durante la operación contra Irán.

El Gobierno italiano negó que desde su territorio hubieran partido misiones ofensivas. Roma sostuvo que los vuelos fueron técnicos y logísticos. Pero esa explicación no cerró el problema.

El portavoz iraní de Exteriores, Esmaeil Baghaei, mencionó expresamente a Italia al denunciar la participación de países de la OTAN y advirtió que quienes hubieran contribuido a las operaciones tendrían que asumir las consecuencias. Giorgia Meloni también apareció posteriormente en propaganda iraní junto a otros líderes occidentales señalados como responsables de la confrontación.

¿Atacaría realmente Irán territorio italiano?

Un lanzamiento directo de misiles contra una instalación estadounidense en Italia continúa siendo un escenario poco probable.

El coste sería enorme. Italia pertenece a la OTAN y una agresión contra su territorio podría abrir la puerta a una respuesta colectiva de la Alianza. La guerra dejaría entonces de estar concentrada esencialmente en Oriente Medio y adquiriría una dimensión europea.

Precisamente por ese riesgo, una eventual acción iraní podría adoptar formas menos directas como sabotajes, drones, ciberataques o acciones ejecutadas por grupos vinculados a Teherán. Serían operaciones capaces de golpear intereses estadounidenses o aliados sin generar inmediatamente la misma respuesta que provocaría un misil lanzado desde territorio iraní.

El dilema italiano

Italia intenta mantener una separación entre albergar fuerzas estadounidenses y participar directamente en una guerra contra Irán. Sin embargo, Teherán podría no aceptar esa distinción.

Si Washington vuelve a atacar Irán y utiliza infraestructura situada en Europa para sostener esas operaciones, el debate ya no será únicamente sobre Bulgaria o Chipre. Italia alberga instalaciones mucho más importantes y su relevancia militar en el Mediterráneo es considerable.

No hay evidencia de un ataque iraní inminente contra Italia. Sí existe, en cambio, una combinación cada vez más incómoda con bases estadounidenses estratégicas, acusaciones iraníes de complicidad y una amenaza explícita de llevar la respuesta “más allá de la región”.

Bulgaria y Chipre podrían ser los primeros avisos. Italia representa el escenario donde una represalia tendría mayores consecuencias.