En un momento en que la política comercial global vuelve a tensarse, dos estrategias opuestas comienzan a perfilar el nuevo mapa del comercio internacional. Mientras la Administración de Donald Trump reactiva una agenda de tarifas globales que oscilan entre el 10% y el 15% sobre amplios segmentos de importaciones, China ha optado por un movimiento en dirección contraria: eliminar completamente los aranceles a 53 países africanos, a partir del 1 de mayo.

La decisión, anunciada por el presidente Xi Jinping durante la 39.ª cumbre de la Unión Africana, es una señal estratégica. Beijing convierte su propio mercado en el principal instrumento de política exterior económica.

El contraste es nítido. Washington reintroduce aranceles como herramienta de presión y reequilibrio industrial, en un contexto de tensiones comerciales y repliegue estratégico. Beijing, por su parte, elimina barreras de entrada para prácticamente todo el continente africano, con la única excepción de Esuatini por razones diplomáticas.

China no está ofreciendo subsidios directos ni condicionalidades políticas complejas. Está ofreciendo acceso.

A partir de mayo, productos africanos —desde petróleo y minerales hasta café, frutas, textiles y manufacturas ligeras— ingresarán al mercado chino sin pagar aranceles. Además, el gobierno chino implementará mecanismos de “canal verde” para acelerar el despacho aduanero y reducir fricciones logísticas.

En términos prácticos, esto reduce el costo efectivo de exportar hacia la segunda mayor economía del mundo.

La dimensión económica detrás del gesto de cero aranceles

Las cifras explican la lógica. En los primeros ocho meses de 2025, el comercio entre China y África creció 15,4% hasta alcanzar 222.000 millones de dólares. En el conjunto del año, el intercambio superó los 348.000 millones.

China importa petróleo de Angola, cobre de Zambia y cobalto de la República Democrática del Congo, además de productos agrícolas y manufacturas emergentes. A cambio, exporta maquinaria, vehículos, equipos de telecomunicaciones y bienes de consumo. Eliminar aranceles no altera esta estructura de intercambio de inmediato, pero reduce fricciones en el lado africano de la balanza. Y envía una señal de previsibilidad.

A diferencia de los programas occidentales que suelen vincular el acceso al mercado con estándares regulatorios, revisiones periódicas o requisitos políticos sujetos a cambios internos en Washington o Bruselas, la política china se basa en dos criterios centrales: relaciones diplomáticas y origen del producto. Para muchos gobiernos africanos, eso significa menor incertidumbre.

Instituciones financieras africanas ya han señalado que el arancel cero abre oportunidades para diversificar exportaciones y fortalecer cadenas regionales de valor. Sectores como agroindustria, textiles y farmacéuticos podrían escalar si combinan acceso libre de tarifas con inversión en calidad y estándares.

El reto, claro, no desaparece. Sin infraestructura eficiente, educación técnica y apoyo a pequeñas y medianas empresas, la eliminación de aranceles puede beneficiar solo a los grandes exportadores de commodities. Pero el incentivo externo cambia. China está creando un entorno donde las reformas internas africanas tendrían un mercado de destino amplio y relativamente estable.

Geopolítica con aranceles cero

El movimiento de Beijing también debe leerse en el contexto de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Las tensiones arancelarias, las restricciones tecnológicas y los debates sobre subsidios y medidas de ajuste en frontera por carbono en Europa complejizan la planificación exportadora para economías en desarrollo.

En ese escenario, ofrecer acceso sin tarifas funciona como herramienta de diplomacia económica. China ha sido el principal socio comercial de África durante más de dos décadas. La nueva medida consolida esa posición. Y lo hace en un momento en que la narrativa occidental gira hacia la protección industrial y el control estratégico de cadenas críticas.

La pregunta que se hacen en varias capitales africanas ya no es ideológica. Es pragmática: ¿qué socio reduce realmente las barreras a sus exportaciones?

Beijing ha puesto fecha, reglas y alcance a su propuesta. A partir del 1 de mayo, arancel cero para 53 países. Sin condicionalidades públicas adicionales. Sin revisiones legislativas anuales.

En contraste, la política arancelaria estadounidense, en su nueva fase, introduce gravámenes generalizados que afectan cadenas globales y aumentan la volatilidad comercial. Aunque no estén dirigidos específicamente contra África, alteran incentivos y encarecen el entorno global.

En economía internacional, la previsibilidad es un activo. No todo es altruismo. Para China, asegurar suministros de recursos estratégicos y ampliar su influencia económica forma parte de una estrategia de largo plazo. El acceso libre de aranceles puede consolidar su papel en sectores críticos como minerales para transición energética y productos agrícolas.

Pero la diferencia clave radica en el instrumento. Mientras Washington utiliza la tarifa como mecanismo de presión, Beijing la elimina como mecanismo de atracción.

Para África, el desafío será convertir esta ventana en transformación productiva. Sin mejoras logísticas, reformas aduaneras internas y fortalecimiento empresarial, el impacto podría diluirse. Sin embargo, en un mundo donde el comercio vuelve a fragmentarse, la señal china es inequívoca: abrir mercado en lugar de cerrarlo.