Un algoritmo de Inteligencia Artificial escribe libros y canciones, cuadros y artículos periodísticos. ¿A quién pertenecen los derechos de autor de esas obras?

La inteligencia artificial escribe libros y canciones y ya está presente en muchas áreas de nuestra vida, aunque, a veces, no lo notemos. No parece lejano el día en que leamos un libro o escuchemos música sin notar que esas producciones han sido creadas por un algoritmo matemático. No es ciencia ficción, sino una realidad ya visible en 2020.

Damien Riehl y Noah Rubin unieron sus talentos para desarrollar un algoritmo de código abierto que puede generar hasta 300 000 melodías por segundo. Luego guardaron cada una en un archivo MIDI. Más tarde ellos registraron esas canciones y las presentaron al público. De esta forma, dicen, se están protegiendo de potenciales plagios, que es uno de los grandes flagelos de la industria musical.

Un algoritmo que revoluciona la industria musical y literaria

Riehl es un abogado especializado en derechos de autor, pero también músico y programador, mientras que Rubin es programador. De la unión de estas dos profesiones surgió el algoritmo que puede seguir produciendo música, en muy poco tiempo, sin repetir nunca una melodía.

Ambos consideran que, con su creación, los músicos dejarán de demandarse por plagio. Al registrar sus 300 000 canciones podrían haber luego pedido pagos por derecho de autor, en caso de que alguien utilizara una melodía similar; sin embargo, decidieron liberar los temas musicales con la licencia “Creative Commons Zero”.

Esta licencia establece que no existe un “derecho reservado”, sino que los propietarios de las creaciones permiten a cualquier persona copiar, modificar y distribuir las obras, tanto con fines comerciales como personales, sin necesidad de retribuir económicamente a los creadores.

El algoritmo es publico y gratuito

Este algoritmo está guardado en el repositorio Github y cualquier persona puede acceder a él y mejorarlo. La creación de Riehl y Rubin de seguro fue aplaudida por los defensores del código abierto; sin embargo, afecta al negocio de las sociedades de derecho de autor y también a los artistas que ganan miles de euros con las licencias de sus obras., además puede poner fin a los litigios legales.

Dreamwriter  crea con inteligencia artificial libros y canciones

En China, la empresa TenCent creó el algoritmo matemático de inteligencia artificial llamado “Dreamwriter”, el cual puede escribir información de economía en apenas 60 segundos. Este algoritmo funciona desde 2015, con excelentes resultados, ya que los textos producidos por esa inteligencia artificial parecen creados por humanos.

El dilema actual con ese algoritmo de cinco años es quién tiene los derechos de autor de los contenidos producidos. El conflicto comenzó cuando TenCent denunció a Shanghai Yingxun Technology Company por copiar un texto escrito por el algoritmo.

Una corte de Shenzhen, en China, falló a favor de TenCent y obligó a la empresa demandada a pagar 195 euros, porque “un trabajo generado por una inteligencia artificial está cualificado para estar protegido por copyright”.

Este ejemplo ha avivado el debate sobre qué protege exactamente la ley de derecho de autor. Para que el algoritmo pueda crear es necesario introducirle datos, como palabras claves y ahí radica el punto polémico: ¿se protege la introducción de esos datos o el trabajo final con esos datos?

¿Una maquina puede generar derecho de autor?

Diversas leyes vigentes actualmente colocan a la persona como centro del derecho de autor. La Ley de Propiedad Intelectual española dice: “se considera autor a la persona natural que crea alguna obra literaria, artística o científica” y que “son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro”.

Mientras, en Estados Unidos se aplica, a partir del criterio de precedencia de un juicio de 1991, que “los escritos que deben protegerse son el fruto del trabajo intelectual” y que “se basan en los poderes creativos de la mente”. Además, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea determinó que los derechos de autor se aplican solo a obras originales.

No obstante, persiste la controversia, ya que la Inteligencia Artificial no es una herramienta más, como lo puede ser un software, sino que el algoritmo toma decisiones por sí mismo y dichas decisiones transforman el proceso creativo. Usted, ¿qué cree?